Situado a unos 50 kilómetros al sureste de Zaragoza, el Viejo pueblo de Belchite se mantiene a duras penas en pie como recuerdo de la barbarie de la Guerra Civil Española. En estas tierras se libró una de las más duras contiendas del llamado frente del Ebro. Miles de personas perdieron la vida dentro y fuera del pueblo. Al recorrer las calles vacías y abandonadas, muchos visitantes reconocen sentir cierto desasosiego y estremecimiento ante tal “espectáculo”. Dirigidos por su presidente, Pedro Amorós, varios investigadores de la SEIP (Sociedad Española de Investigaciones Parapsicologicas) se han internado recientemente entre las ruinas con el fin de intentar obtener psicofonías. El grupo inicio su trabajo coincidiendo con la puesta del sol.
Reunidos en torno a los equipos, sus miembros realizaron grabaciones durante algunos minutos y después procedieron a su escucha. Aunque durante los primeros intentos no obtuvieron ningún resultado, al repasar una de las ultimas cintas oyeron una voz desconocida que decía: “un desgracio”. Las más sorprendentes se obtuvieron bajo las ruinas de la Iglesia de San Agustín. En cierto momento, uno de los presentes, realizo una pregunta sobre una persona en concreto. Al escuchar la cinta, los miembros de la SEIP descubrieron que había quedado grabada una siniestra voz que aseguraba: “Vive en pecado”. No fue la última voz misteriosa. Minutos después, cuando el reloj del pueblo nuevo, situado a unos cientos metros, anunciaba la medianoche, uno de los investigadores bromeo: “Las doce: hora de las brujas”. Inmediatamente, una voz desconocida quedo registrada en las cintas magnetofónicas: “paren el reloj”, decía.
Belchite es uno de los más paradigmáticos ejemplos de pueblos encantados que existen en España. No es de extrañar, por tanto, que el ingeniero de sonido Ricardo Martínez obtuviera una espectacular grabación psicofonica en la cual los veteranos del lugar reconocieron los sonidos de los bombarderos. Se escuchan aviones, bombas, gritos… sin dudas, esos hechos de agosto de 1937 quedaron allí grabados para siempre, vagando como los espectros de quienes perecieron.

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