La Catalepsia



Si hay una enfermedad que merece el título de “escalofriante”, seguramente es la catalepsia. Para los que no esté  familiarizados son sus síntomas a modo de resumen esta es definición:
Es un estado morboso caracterizado por la rigidez cérea de las extremidades, que pueden ocupar diferentes posiciones mantenidas durante un tiempo (cuerpo rígido e inmovil). El sujeto no responde a los estímulos, y el pulso y la respiración se vuelven lentos. La piel se pone pálida”

Basta pensar en semejante acumulación de síntomas para darse cuenta de lo cercano que esa descripción se parece a la de la muerte, sobre todo porque son condiciones que pueden durar un respetable tiempo (se han dado casos de meses). Estos síntomas sin duda en determinados casos simulan una muerte perfecta, ni el pulso ni la respiración son apenas perceptibles y salvo que se haga un encefalograma es muy dificil determinar si alguien ha muerto realmente, del temor a “morir” de esta forma y posteriormente “resucitar” en un ataúd o con una suerte aún peor trata este interesantisimo artículo que el periodista Natán Soláns publicó en varias revistas.

Les recomiendo que lean el artículo entero pues es uno de los documentos más escalofriantes que se ha publicado hasta la fecha.


La Catalepsia o “Muerte Aparente” siempre había capturado la atención de todo mortal desde que Edgar Allan Poe escribiera su “Entierro Prematuro” (Premature Burial, 1831.) contando casos que pasaron entonces. La verdad es que no tenía más material (Ni el-de-reserva, con que cuenta todo periodista.)
Así que miré mi panel de corcho, en la pared, donde durante más de dos meses de 1983 me había dedicado a estudiar esta oscura afección. A ver: Le podía pasar a cualquiera, pero eran propensos los epilépticos, aunque fueran leves. Un buen día, cualquier vecino despertaba en la mañana y comprobaba con sorpresa que no podía moverse. Ni siquiera la jaula toráxica respondía a su voluntad. El corazón no se alteraba pese al pánico y uno parecía no respirar, aunque sí lo hacía con la lentitud con que un yogui muy avanzado realiza sus ejercicios de Pranayama (Control de la respiración, más o menos.). No podía tragar, ni cerrar los esfínteres, ni abrir los párpados…

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