Envueltos en fango y sangre, los supervivientes arrastran a los heridos. A su espalda, los ingleses les escupen su derrota avergonzando a las tropas de Carlos de Valois, Delfín de Francia, que han vuelto a fracasar en su intento de levantar el sitio de Orleans. De pronto, un jinete cabalga con furia entre los vencidos, que miran, agotados, la curiosa figura. Sobre el caballo, una reluciente armadura desprende destellos cegadores, mientras en su mano ondea el estandarte con la inscripción “Jesús y María”: 

El jinete atraviesa las filas extenuadas, pero ni siquiera se detiene. Una voz femenina grita: “¡Seguidme! ¡Dios está con nosotros! ¡Adelante!”. Como un solo hombre, el ejército se levanta del barro. “¡Es ella! ¡Es la Doncella de Lorena!” La fatiga de hace sólo unos minutos se convierte, inexplicablemente, en una energía indestructible. El ejército sigue a la mensajera de Dios y, por fin, gana la batalla.




Esta espectacular escena de la película Juana de Arco, dirigida por Luc Besson, pone los pelos de punta a los espectadores de la sala.

Pero, ¿quién era realmente la Juana de Arco que murió en Ruán, abrasada en la hoguera, el 30 de mayo de 1431? Era una joven de baja estatura y cabello oscuro, que nació en Domrémy, localidad de la Lorena francesa, hija del campesino Jacques d´Arc y de su esposa, Isabel Romée. Es más: la propia Juana nunca se autodenominó d’Arc, sino Jeannette Romée, debido a la costumbre en la región de que las niñas tomaran el apellido materno.

El misterio de las “voces”

  
 Se dice que a la edad de 13 años, Juana de Arco comenzó a escuchar voces que le revelaban su misión divina de combatir a los ingleses y coronar al rey Carlos VI "El Delfín". Al principio ignoró pero que tiempo después se volvieron cada vez más insistentes hasta el punto de hacerla tomar acción en consecuencia de ellas. Se dice que al principio las voces la incitaban a ser buena y llevar una vida devota y piadosa, y con el tiempo también le dictaron que su misión era comandar al ejército Francés en batalla, ayudar a Carlos VI "El delfín" a coronarse en Reims, y expulsar a los ingleses de territorio francés. Las voces de Juana de Arco a menudo se complementaban con visiones del arcángel Miguel, Santa Catalina y Santa Margarita.
Juana de Arco comanda los ejércitos franceses

Juana de Arco actuó en consecuencia de las voces que oía al tratar de unirse al ejército por medio de Baudricourt, quien la rechazó creyendo que se trataba de algún juego sin importancia. Posteriormente, cuando la situación francesa se agravó con el asedio de Orleans, el delfín fue obligado a refugiarse en Chinón; Juana de Arco pidió por segunda ocasión a Boudricourt que la llevara con el delfín: "Mi Señor, a quien pertenece el reino de Francia, me ha ordenado que llegue hasta el Delfín para que lo haga consagrar y ser rey, a despecho de sus enemigos." Así, Juana de Arco pudo entrevistarse con el delfín, a quien reveló su divina tarea, no sin suficientes pruebas que respaldaran el origen divino de sus actos, como el de salir airosa en un engaño al hacer pasar a otro por el Delfín o hacerla examinar por varios teólogos que pusieran a prueba sus convicciones.

Habiendo superado todas las pruebas y con Francia en una situación desesperada, el Delfín decide confiar en Juana de Arco y le otorga el comando de un ejército de 5,000 hombres con el cuál logra poner fin al asedio de Orleans y empujar a los ingleses haca el Norte, al tiempo que su fama y prestigio aumentaba despertando verdadera devoción entre la población francesa, quien la ven como salvadora. Juana de Arco siempre combatía en primera línea y sufrió varias heridas durante sus batallas; además, sólo partaba un estandarte con la imagen de Jesús y María.

Después del éxito de Orléans, Juana de Arco quiso coronar inmediatamente al Delfín en Reims, sin embargo, esto se demoró por mérito de sus consejeros. Sólo cuando Juana de Arco obtuvo un éxito decisivo contra Talbot -uno de los comandantes ingleses más notorios- en Patay, el Delfín sería conducido a Reims y coronado como rey de Francia en la catedral.
Se dice que luego de esto, Juana de Arco quiso retirarse pues su misión estaba cumplida; sin embargo el fervor popular la hicieron seguir adelante en ofensivas cuyo resultado fue desastrozo debido al pobre apoyo prestado por el Delfín, quien era aconsejado contra Juana de Arco por figuras cercanas a él que la envidiaba y temían que su figura llegara a tener demasiado poder e influencia. Por un lado el ataque a París fue llevado a cabo sin el soporte de suficientes fuerzas armadas. Poco después vendría el ataque que marcaría el inicio del fín para Juana de Arco.

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Juana de Arco es atrapada y enjuiciada



Fue en el asedio a Compiègne donde Juana de Arco comenzaría la última aventura de su vida. Capturada por los Borgundios en pleno asedio, Juana de Arco fue vendida a los ingleses. Se dice que el Delfín hizo todo lo posible por salvarla, pero es dudoso debido también al cause diplomático que iba tomando la guerra, en donde Juana de Arco no encajaba e incluso dificultaba.

Ya en poder de los ingleses, Juana de Arco fue acusada de herejía y todos los hechos que hasta ese momento le habían sido favorables fueron tornados en su contra en Rouen, en un proceso inquisitorial: las voces que oía en su cabeza fueron atribuídas al demonio, se le cuestionó su posición en el campo de batalla, su vestimenta de hombre, sus alucinaciones y durante una breve temporada fue interrogada tratando de encontrar alguna contradicción o algún hueco que demostrara su papel como hechicera.

Se dice que el proceso al cual fue sometida Juana de Arco estuvo lleno de irregularidades, muchas de ellas seguramente provocadas por los ingleses quienes debían de hacerla parecer una figura maligna, bruja herética adoradora del diablo para que sus tropas no temieran combatir a quienes habían probado que dios estaba de su lado, ya que la reputación de Juana de Arco, había superado las fronteras francesas y estaba estaba sembrando la desconfianza y el temor en el ejército inglés. Entre las irregularidades del juicio se encuentra el no haber podido apelar al papa para que revisara su caso.

Juana de Arco es convertida en Mártir

Durante el proceso inquisitorial, Juana de Arco siguió atrayendo motivos para desprestigiarla, como el ser encontrada vestida de hombre en su celda y fue encontrada culpaple de herejía y sentenciada a la muerte en la hoguera. Juana de Arco llegó a arrepentirse de que sus afirmaciones eran de origen divino y pudo cambiar su sentencia por la de cadena perpetua, sin embargo al reflexionar de lo ocurrido volvió a afirmar que todo era legítimo y de origen divino, por lo cual la anterior sentencia aplicó. La hoguera en que Juana de Arco fue quemada fue arreglada de manera que su muerte fuera más lenta y dolorosa; se dice que incluso el verdugo estaba en desacuerdo con tal medida. Juana de Arco murió entre gritos y rezos a Jesús, a los 19 años el 30 de Mayo de 1431, fecha que se recordará por siempre, pues es celebrada en su nombre en Francia.

Casi dos décadas más tarde, Carlos VII usó su influencia para revisar el proceso de Juana de Arco y fue rehabilitada por el papa Calixto III. En 1909 Juana de Arco fue beatificada y canonizada en 1920, año en que fue proclamada la patrona de Francia y celebrada como heroína nacional y unificadora del pueblo francés, papel que realmente desempeñó en su tiempo.

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