"El unicornio en cautividad", obra que presenta al mítico animal encadenado a un granado.


El unicornio es una de las más sugerentes criaturas mitológicas. Considerado símbolo de la pureza e inspirador de multitud de leyendas, se encuentra en la frontera entre la fábula y la alegoría, al parecer muy alejado del mundo real y en metáfora de la naturaleza salvaje e indomable que sólo cede ante la presencia de una doncella.
En la Europa medieval, pero también en lugares como África, India, China o América, la creencia en este animal fantástico ha estado arraigada en diferentes tradiciones. Sin embargo, dicha existencia podría tener una base real.
Sabemos desde hace casi dos siglos que un animal de estas características es imposible desde el punto de vista biológico. Este dato podría haber sido el definitivo parte de defunción de la leyenda del unicornio, de no ser porque la naturaleza, en ocasiones, también hace sus pequeñas trampas. A finales del período Villafranquiense del Pleistoceno, que finalizó hace un millón de años, los unicornios habitaban los bosques europeos… o, al menos, unos animales cuyo aspecto era prácticamente idéntico al recogido en las diferentes tradiciones y leyendas. Claro que no se trataba de un animal fantástico, sino de un antílope de carne y hueso cuyo nombre científico es Procamptoceras brivatense. Tenía dos cuernos muy rectos dispuestos en línea, pero que al estar muy próximos entre sí y encontrarse recubiertos por una especie de vaina, ofrecían la apariencia de una sola y larga asta visible en el centro de su cabeza.

Evidencias fósiles
¿Podría ser ésta una explicación biológica para la leyenda de los unicornios? Es posible, aunque se pueda objetar que hace un millón de años no había testigos humanos de las andanzas de estas criaturas en el continente europeo. Sin embargo, tal punto de vista puede no ser del todo correcto… Los huesos más recientes encontrados de estos singulares antílopes unicornios tienen alrededor de un millón de años de antigüedad, pero eso no constituye ninguna prueba de que no hayan vivido hasta épocas mucho más recientes. No olvidemos que, en paleontología, la ausencia de evidencias fósiles no es una prueba de la ausencia de un animal, como se ha comprobado en multitud de ocasiones con el descubrimiento de criaturas consideradas extinguidas.
El Procamptoceras podría haber sobrevivido hasta épocas más recientes y su visión, con ese único gran cuerno en el centro de su cabeza, habría sido el germen de las leyendas de los unicornios.
Pintura que ilustra una escena de caza de un unicornio.
Otro posible indicio pervivencia de un verdadero unicornio hasta épocas históricas, lo proporcionan unas tablillas pertenecientes a la civilización de Mohenjo-Daro, en Paquistán. Esta cultura, que apareció en el valle del Indo hace 5.500 años, dejó como legado varios miles de pequeñas tablillas grabadas, en su mayoría con representaciones de animales. Se trata, como han confirmado recientes filmaciones llevadas a cabo en la región, de una porción de la fauna existente en la zona durante esa época: rinocerontes, elefantes, búfalos y también unos animales de cuerpo voluminoso dotados de un largo cuerno en la frente. Estos unicornios, que aparecen en aproximadamente la cuarta parte de las tablillas, no tienen el aspecto estilizado de las representaciones mitológicas, sino una apariencia más rechoncha que sugiere que, al igual que las otras tablillas, reproducirían animales reales.

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