Después de una ausencia bastante prolongada, regresé al barrio donde me crié. Apenas desempaqué salí a visitar a mis viejos amigos. Caminaba las familiares Calles del barrio, cuando una mujer salió a mi encuentro; era una conocida a La cual solía saludar, la noté muy demacrada, ojerosa, y en sus ojos brillaba Una mirada un tanto extraña.

 - !Hola¡, ¿Cómo andás? estabas desaparecido.
– me saludó la mujer. Cuando le conté de mi ausencia me pareció que no prestaba atención, tenía una Sonrisa fija en la cara.
La felicité cuando me dijo que tenía un hijo, un bebé, Me invitó a pasar a su casa a conocerlo. La vivienda estaba muy descuidada, Entramos al cuarto del bebé, estaba oscuro, afuera brillaba el sol, pero unas Cortinas gruesas impedían que la luz entrara por la ventana. 
´- ¿Está durmiendo? – le pregunté casi susurrando. - No, cubro las ventanas porque a el le gusta así, ahí esta la cuna, acércate, No le tengas miedo – encontré sumamente extraña su respuesta, porque iba A tenerle miedo a un bebé. 

Me incliné sobre la cuna para verlo mejor. Era una visión horrible, un escalofrío Corrió por mi espalda, el bebé, o lo que fuera aquella cosa, sacudía sus brazos Y piernas como lo hacen los niños cuando están felices, cuando fui a mirar su Cara, descubrí que no tenía cabeza. Sin darle la espalda, fui retrocediendo hasta que salí de aquella casa. 

El mismo Día me enteré, por boca de mis padres, que la mujer había perdido a su bebé En un accidente de coche, estaba loca desde hacía meces, le decía a la gente Que su hijo aún estaba vivo.

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