La historia de Marta comienza cuatro años atrás cuando María, su madre, quiso poner fin a los fenómenos extraños que estaba sufriendo su hija. Era de noche y madre e hija estaban sentadas en el salón de su casa viendo la televisión. De pronto, María vio cómo la niña se elevaba a un metro del suelo mientras mantenía los ojos vueltos. Marta, supuestamente, levitaba. Aterrorizada, al amanecer, María, una mujer religiosa de misa y rosario diario, fue a contarle lo que había ocurrido al párroco de su pueblo.Este la mandó directamente al psiquiatra. María obedeció. Pero ni médicos ni sacerdotes quisieron hacerse cargo del problema de su hija.
El tiempo pasaba y Marta cada vez estaba peor. Cuando la madre rezaba, a la niña le cambiaba su delicada voz por un desgarrador sonido de ultratumba que insultaba con desprecio a la mujer para que dejara de rezar. A veces intentaba agredirla para que no continuara con las oraciones.
En esa casa empezaron a ocurrir hechos inexplicables. Sin esperarlo, se movían los muebles, se rompían cosas. Desde entonces, esta mujer no ha vuelto a orar delante de su hija.
Ante tanta desesperación vio un halo de esperanza. Una tarde entrevistaron por televisión a un experto en temas demoniacos.Un sacerdote de llamativo aspecto que hablaba de estos temas con toda naturalidad. El demonólogo ejercía en Madrid, en la diócesis de Alcalá de Henares. Durante 15 minutos planteó la existencia de Satanás. De forma desesperada, la mujer localizo por teléfono a este sacerdote.

Con la voz temblorosa y esperando comprensión, le contó el caso al demonólogo. El presbítero, después de calmarla, la citó en la parroquia. María no conocía al cura, pero era su único paño de lágrimas. Más tarde, la atormentada mujer supo que había encontrado al mejor demonólogo de nuestro país: el padre José Antonio Fortea, un barbastrense de 38 años, que después de realizar sus estudios de Teología en la Universidad de Navarra y especializarse en demonología, empezó a trabajar en este campo cuando casi no había expertos en la lucha contra el maligno.
Cuando Fortea escuchó lo que le ocurría a la niña, no tuvo la menor duda. Para el clérigo, Marta estaba endemoniada. Semanas más tarde, comenzaron lo que el sacerdote llama sesiones de oración.Desde entonces, el arcipreste trata a Marta. Han pasado tres años y medio y Fortea sigue asegurando que la niña, actualmente, continúa poseída por Belcebú.
Para el exorcista, lo que en principio parecía un caso fácil, de semanas o meses de exorcismo, se ha convertido en casi cuatro años de calvario. Desde el primer momento, todos los sábados, el presbítero expulsaba a distintos demonios, pero volvían a entrar otros. María le preguntaba al exorcista por qué todo era tan angustioso y largo. Pero Fortea no sabía dar una respuesta.
Un día, el exorcista le preguntó a uno de los demonios:
- ¿Por qué siguen entrando otros espíritus en el cuerpo de la niña?
- Por culpa de él. El nos invoca.
Según Fortea, se referían a un chico que estudiaba en el mismo colegio de Marta. Era miembro de una secta satánica y deseaba sexualmente a la chica. Al no poder poseerla, el satanista invocaba a los espíritus malignos para torturar a Marta. Al canónigo le empezó a encajar el rompecabezas. Según Fortea, todo estaba claro.Dios permitía este calvario para que el adorador del Demonio se convirtiera.
Para el clérigo, éste ya no es un caso común. Lo de Marta es como una participación en la pasión de Cristo para que, con este sufrimiento, el adorador de Belcebú salga del jardín de Satán.
A partir de ese momento, el cura ha invitado a las sesiones de exorcismos a distintos profesionales para dar a conocer la existencia de Satanás. Por la parroquia de Nuestra Señora de Zulema han pasado psiquiatras, sacerdotes y periodistas. Un equipo de reporteros de EL MUNDO TV ha grabado lo que sucede en los bajos del templo madrileño. Las imágenes son aterradoras. Los reporteros cuentan cómo se prepara una sesión de exorcismo. Reliquias, agua bendita y horas de oración son las armas con las que Fortea lucha contra el Diablo.

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El reportaje muestra a Marta, una chica estudiante de Matemáticas, que acude puntualmente a la cita del exorcista. Después de tumbarse en una colchoneta, el cura ora en latín y la rocía con agua bendita hasta que el Demonio se manifiesta hablando por la boca de Marta.Entre gritos desgarradores, órdenes en nombre de Dios y convulsiones, va pasando el tiempo.
Después de media hora de exorcismo, el supuesto demonio pide papel y lápiz. Tumbada en el suelo, con los ojos vueltos, Marta empieza a escribir frases sueltas. Pero eso no es nada. La posesa pronuncia frases ininteligibles. Supuestamente la chica habla lenguas muertas. Idiomas que desaparecieron con el paso del tiempo.
Los periodistas comienzan la investigación. Se ponen en contacto con un experto en lenguas semitas para que estudie los sonidos que emite la niña. Un profesor israelí analiza el supuesto lenguaje desaparecido y dictamina si es o no un idioma lo que habla la niña. Uno de los mejores grafólogos y calígrafos de España analiza los textos escritos por la supuesta endemoniada. El resultado del peritaje es sorprendente y revela una doble personalidad.

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