Según los teólogos, existen signos que permiten el diagnóstico de la posesión. El Ritual Romano anuncia tres síntomas esenciales, entre otros que tendrían un valor análogo:
Hablar o comprender una lengua desconocida (glosolalia).
Descubrir las cosas alejadas y secretas (videncia).
Hacer ostentación de una fuerza inexplicable o sobrehumana (psicoquinesia).




Hablar en lenguas

Este es uno de los tres criterios mendionados por el Ritual Romano para afirmar la existencia de una posesión. Este “don de lenguas” existe también en las almas próximas a Dios como forma unión carismática, pero esta ambigüedad no preocupa a nadie: el carácter extraordinario de esta capacidad de conocer una lengua desconocida es típica de estos fenómenos sobrenaturales, el contexto permitirá saber si se trata de Dios o del diablo. Este es el caso citado por Ambroise Paré 1841:

“El tercer mes, se descrubió que un diablo era el autor de este mal, el cual se descubrió a si mismo, hablando por la boca del enfermo en griego y en latín al mismo tiempo, a pesar de que el enfermo no hablaba nada de griego. Él descubría los secretos de aquellos que estaban allí presentes, y principalmente de los médicos, burlándose de ellos por ser unos inútiles que casi habían provocado la muerte del enfermo”.

Fuerza desproporcionada
Está citada a menudo como una prueba de “sobrehumanidad” en el posedído. El “forgueron/exorcista” etíope dice a la poseída “levanta esta piedra” se trataba de una piedra muy grande que ella no habría podido despalzar en su estado natural, pero la levantó fácilmente sobre su cabeza y viró en redondo como una rueda hasta que la piedra cayó de un lado y ella al otro; (según Waldmeier citado por Osterreich, 1927).
La levitación se produce también en los “poseídos” de Dios, los santos.
Tal era el caso del santo Cura de Ars, elevándose durante sus sermones, o de Santa Teresa de Ávila, en el curso de sus éxtasis.
La levitación no es más que una de las formas de la psicoquinesia. Se describen en los posesos toda clase de fenómenos de este tipo (poltergeist) en los que los demonios mueven objetos, encienden y apagan luces, esconden cosas e incluso llegan al extremo de hacer temblar la casa como un terremoto.

Creación de materia

El pacto con el diablo está pensadoo para hacer ganar riqueza a cambio de la salvación eterna. En ciertos casos, más que un golpe de suerte inesperado, la creación pura y simple de billetes de banco sería el fruto de la transacción (K. Koch 1972).

Conocimiento de cosas secretas

El diablo de Illfurt “decía a sus visitantes punto por punto sus maldades pasadas, reprochándoles sus pecados más secretos”. Incluso, predecía a veces con varios días o semanas de antelación, lo que iba a pasar, y la realización exacta de sus predicciones dejaba boquiabierto a todo el mundo”. Estos demonios no se ahorran las revelaciones históricas o proféticas, y describen los sucesos lejanos en el momento justo en que se producen.

Reacción colérica ante los signos religiosos

Los signos piadosos ponen al poseído en un estado de rabia enloquecida y lo inducen a blasfemar horriblemente.
Se trata de mostrar un comportamiento de alguna forma reprobable para los que están a su alrededor, o incluso para la gente del pasado. Así como emplear de palabras brutales, obscenas, sacar la lengua, hacer gestos obscenos, etc…
La amnesia de la posesión es extremadamente frecuente, sino costante.

Stigmata Diaboli

Las marcas del diablo, para la Iglesia de la Edad Media, no se limitaban a los tres signos anteriores, mencionados por el Ritual Romano; se mencionaba incluso la presencia de otros síntomas tales como la levitación y sobre todo las zonas de anestesia, puntos del cuerpo anormalmente insensibles. Sor Juana de los Ángeles, la celebre poseída de Loudun sufría continuamente terribles picores (parestesias). Tenía la mitad del cuerpo todo en carne viva, pero estaba totalmente anestesiado.


Quizá también te interese: Pactos con el diablo: Vender el Alma y Consecuencias

COMPÁRTELO


 
Top