El misterio de la tumba de Barbados, en el Caribe, forma un puzzle de enigmáticas piezas. Construida en 1724 por James Elliot como descanso eterno para su mujer Elizabeth, permaneció clausurada hasta 1807. En aquel año, los familiares del matrimonio Elliot procedían al entierro de su constructor, James. Pero al abrir el sepulcro les aguardaba una terrible sorpresa:
……. estaba completamente vacío… ¿Donde se habría ido Elizabeth?
El 22 de febrero de 1808 la tumba cambió de propietario. Los cuerpos de Thomas y Ann Maria Chasé, ahogados en el mar, ocuparon el lugar de James y Elizabeth.

Jamás tuvieron descanso eterno. Desaparecieron misteriosamente como sus predecesores. Sin embargo, las “travesuras” no habían hecho más que comenzar…
El 17 de Julio de 1819 falleció tras un colapso cardíaco Thomasina Clarke. Sus compungidos familiares no disponían de dinero suficiente para enterrarla en algún panteón familiar y decidieron hacerlo en la tumba “juguetona” de los Elliot.

Convencidos de que estaría completamente vacía, envolvieron a Thomasina en una sábana con el fin de regalarle un descanso eterno. Cuál no sería su sorpresa cuando se encontraron con una tumba repleta de cuerpos incorruptos… James Elliot, su mujer Elizabeth y los hermanos Chase reposaban en posición vertical, observándoles con los ojos abiertos. La pobre Thomasina no cabía en aquella insólita reunión post-mortem.
Desde abril de 1820 se escuchan voces y canciones de amor en los alrededores de la tumba. Pero nadie se atreve a comprobar la naturaleza de tan pintorescos cánticos.


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