Locura en la oscuridad
Los ruidos de la ciudad han cesado, no sé qué hora es pero debe ser más de media noche. La misma sensación de siempre me invade cuando todo queda en calma.

Los pensamientos vuelan, veo luces en mi cabeza, que sensación más desagradable la de saber que estás loca. Sí, sé que no debería darle más vueltas, pero mi locura me recuerda una y otra vez que no hay salida, no puedo escaparme de ella.
Los recuerdos se vuelven borrosos… ¿quién soy yo?, ¿quiero a alguien? no puedo centrarme en una sola cosa, los gritos me ensordecen y mis lágrimas se secan antes de llegar al suelo. ¿Cómo he llegado a este estado? He sido feliz en medida de lo posible. Ahora ya no sé ni qué camino debo tomar.
Enciendo un cigarrillo, imagino formas imposibles en el humo e intento atraparlo. No sé qué me ocurre, pero no dejo de sonreír mientras apago el cigarrillo en mi brazo.

Me arrastro por el suelo, el chirriar de mis uñas en el frío mármol calma mis nervios, ¿quién soy yo?, ¿quiero a alguien? no recuerdo nada de lo que me sucede durante el día.

Desde el suelo me miro al espejo de la habitación y no soy yo, mi locura transforma mi rostro, me observo nítidamente y me doy miedo a mi misma al imaginar que soy capaz de hacer cosas terribles, que mis pensamientos se vuelven cada día más…crueles.
Mañana amanecerá y un nuevo día me devolverá a mi realidad. Sólo las marcas en mis brazos y los arañazos en mi piel me recordarán que en la oscuridad no soy yo y no, no quiero a nadie.

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