Kristopher Kuksi, según nos cuenta el mismo en su propia web, nació un 2 de marzo de 1973 en Springfield, Missouri y creció en la vecina Kansas en un ambiente rural y aislado. Con dos hermanos mucho mayores que él, un padre alcohólico y una madre que trabajaba de sol a sol, el pequeño Kris pasó su juventud en la soledad de un campo abierto, de árboles dispersos y días interminables.

Su saturada imaginación era tan grande como su introversión. Le fascinaba lo inusual y donde los demás veían algo grotesco, el veía arte puro y hermoso. Al alcanzar la edad adulta su arte floreció todavía más, y el entorno negativo experimentado en su juventud fue un hándicap favorable en su desarrollo artístico en libertad personal.



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Pronto descubrió que la cultura pop y la vida típica americana no eran lo suyo y que le atraía mucho más el viejo mundo. El trabajo de Kuksi trata de un nuevo desierto, refinado y elevado, visualizado como el cultivo creado de la corrupción y la desmoralización de la sociedad moderna. Un lugar donde los nuevos principios, las nuevas guerras y las nuevas filosofías coexisten creando nuevas terminaciones.

Kuksi opina que el mundo de hoy se presenta a menudo frívolo y frágil, y que está impulsado a menudo por la codicia y el materialismo e intenta exponer en sus obras las falacias del hombre en un nuevo nivel de conciencia para el espectador.






Kris Kuksi ha recibido diferentes premios, entre ellos el Cash Award, el Juror’s Merit Award, el Premio a la Excelencia o el Who’s Who in America. Revista internacionales especilizadas en arte le han dedicado reportajes especiales. Sus obras pueden encontrarse en colecciones tanto privadas como públicas y se ha presentado en casi 40 exposiciones en diferentes países.





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