Quizás los dos casos mas interesantes de ovnis en Venezuela, ya que en esa época, se vivía una férrea dictadura militar, la cual uso a sus fuerzas de investigación para los casos referidos en este post, no digo que sean ciertos, pero ocurrieron el mismo año, con características muy similares y ademas los informes aun pueden ser encontrados en las oficinas de los cuerpos de seguridad en Venezuela. 


Caso Ovni Carora-Venezuela 1954


Texto de un telegrama enviado la noche del jueves, 09 de diciembre de 1954, por el corresponsal del diario "El Nacional" en la ciudad de Carora (Venezuela), anunció que, "Lorenzo Flores de 18 años y Jesús Gómez de 17 años, ambos naturales de esta ciudad y obreros de oficio, cuando se encontraban cazando por los alrededores de la carretera Transandina, entre los sitios denominados Chirico y Cerro de Las Tres Torres, pudieron divisar un extraño aparato luminoso no mayor de 50 metros de distancia. La primera impresión que recibieron fue haber visto un automóvil; pero luego se dieron cuenta de que no era ningún automóvil al acercarse al sitio". 


"Después de haber visto el aparato desde el sitio donde nos encontrábamos cazando (dijo Flores), resolvimos dejar las bicicletas en que andábamos y acercarnos para observar mejor. Logramos apreciar un aparato redondo, que tenía la forma de dos palanganas superpuestas (una encima de la otra) de unos tres metros o algo más de diámetro que irradiaba fuego por su parte inferior. El objeto se encontraba suspendido en el aire a una distancia como de 80 centímetros del suelo. 

"Inmediatamente vimos salir de él (aparato), cuatro hombres pequeños de más o menos un metro de estatura. Al notar nuestra presencia, los cuatros se abalanzaron sobre mi compañero Jesús Gómez, y entre todos trataron de introducirlo por fuerza al aparato. A mí no me quedó otro camino que tomar mi escopeta, que en ese momento estaba descargada, y para rescatar a mi amigo, arrojé sobre ellos fuertes culatazos que parecían irse a estrellar en una roca o algo muy fuerte (duro) porque la escopeta quedó completamente destrozada sin lograr causarle (al ser pequeño) la menor. 


"Afortunadamente, en esa refriega y con los forcejeos de Gómez, éste consiguió zafarse de los brazos de los enanos". Los dos cazadores se presentaron en el Cuartel de la Policía de Carora, la noche del 09 de diciembre de 1954, con sus camisas totalmente destrozadas, y Gómez presentaba rasguños leves en el cuerpo producidos evidentemente por las uñas de las manos de los hombrecillos o quizás por las ramas de los arbustos donde aconteció el forcejeo. Dijo Gómez a la policía que, "no pudimos ver ojos ni las uñas largas, pero sí pudimos apreciar el vello fuerte que les cubría todo el cuerpo. Eran cuatro hombrecillos, todos del mismo tamaño, pero con una fuerza terrible, por lo que creíamos que nos iban a arrastrar hacia su nave". 

Flores manifestó que, "logramos escapar de los hombrecillos, no nos quedó otra manera sino salir corriendo hacia la carretera distante unos 20 metros de distancia. Cuando volvimos a mirar hacia donde estaba la nave ésta ya había despegado. Nos quedamos en la carretera cuando pasó un camión de Inlaca, y el chofer nos auxilió. Este alcanzó a decirnos que había visto salir una luz intensa de donde estábamos, asegurando haber visto un extraño aparato faltando poco para las doce. 

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"El conductor del camión nos llevó directo a la Policía donde nos presentamos a dar parte de lo ocurrido. Allí llegamos sin zapatos y con unas camisas rotas". Inmediatamente de haber informado a las autoridades policiales el suceso ocurrido, salió una comisión integrada por los oficiales Ramón González y Ramón Gudiño y los agentes Víctor Morales, Modesto Suárez, Rafael Ereu y Serafín Fernández. Se trasladó al sitio para hacer averiguaciones correspondientes encontrando el sitio aproximadamente a unos 25 metros de la carretera en una explanada donde ubicaron la escopeta totalmente destrozada, el machete y las bicicletas abandonadas, rastros de lucha, huellas de zapatos en la tierra de los dos cazadores y huellas más pequeñas parecidas a las de un mono pero no son de este tipo de animal. 

Además notaron la presencia de un fuerte olor similar al azufre en el ambiente. Posteriormente los dos jóvenes fueron sometidos a un interrogatorio y nuevamente ratificaron su versión a lo que el oficial Jefe de la Policía de Carora, Manuel Azuaje, terminó diciendo, "los dos muchachos son muy conocidos en Carora como elementos honrados. Parece muy raro que hayan sido capaces de inventar tal cosa para llamar la atención de las autoridades". Posteriormente fueron trasladados ante el Capitán Julio Chacón, Jefe de la Seguridad Nacional (la temible policía de la dictadura de la época) quien de manera inicial declaró que era una farsa de los jóvenes y los sometió a un fuerte interrogatorio de manera separada, valiéndose para ello de ciertas habilidades como manifestaron los demás agentes de la S.N., mas no le pudieron comprobar nada distinto a lo que afirmaban inicialmente los dos jóvenes. Al final los investigadores quedaron convencidos que Flores y Gómez habían observado un platillo volador. 




Este caso que ocurrió el 9 de diciembre de 1954 (unos 10 días después), es similar a otro que se produjo en el mismo año, en el mismo país, con los mismos extraterrestres peludos muy fuertes y asimismo con dos hombres que lucharon contra los extraterrestres que intentaron de abducirlos. Como tal, el 29 de noviembre de 1954, en Venezuela, un empresario cubano llamado, Gustavo González, y su ayudante venezolano, José Ponce, se defendieron enconadamente contra unos extraterrestres peludos que intentaron obligarlos en su nave espacial. 


Caso Ovni Caracas-Venezuela 1954


Usted puede haber oído hablar del caso de abducción de Antonio Villas Boas del 1957 (Brasil) y del caso de abducción de Betty y Barney Hill del 1961 (EE.UU.), pero ¿has oído hablar de un intento secuestro, que se produjo mucho antes de estos dos casos en 1954? Este incidente involucró a dos hombres que tuvieron el éxito de impedir su secuestro luchando contra los extraterrestres. Lo extraordinario es que en cambio un extraterrestre fue casi secuestrado por un terrícola que trató de detenerlo y llevarlo a una camioneta. Este incidente extraño ocurrió en Petare, Venezuela. 

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El 29 de noviembre de 1954, entre las 2:00 y 2:30 de la madrugada, Gustavo González, un empresario cubano de 25 años de edad que vivía en Venezuela y su ayudante venezolano José Ponce, viajaban en la camioneta de Gustavo dirigiéndose a la charcutería "Industria Nacional de Embutidos C.A." o "Scheper" ubicada en la calle Bella Vista de Petare, a obtener productos para venderlos en el mercado libre al amanecer. 


Al conducir por la calle Bella Vista, se sorprendieron al ver la calle iluminada, como si fueran las 12 del mediodía. Cuando salieron de la camioneta para ver lo que estaba sucediendo, José de repente salió corriendo hacia la camioneta después de ver a un ser extraño acercarse a ellos. 

Segundos después, Gustavo también lo vio y vaciló al principio, pero luego avanzó hacia él y envolvió sus brazos alrededor de su cuerpo para capturarlo y llevarlo a la camioneta. Pero el pequeño alien era bastante fuerte y logró soltarse de su llave. Cuando se soltó, Gustavo cayó sobre el pavimento, pero logró levantarse rápido. Según Gustavo, cuando lo alzó pesaba unos 50 kilogramos (110 libras). 




Mientras seguía al pequeño alien, se dio cuenta de algo aún más sorprendente: dos alienes pequeños más se acercaban hacia él, uno de ellos le alumbró con un dispositivo de linterna. Por lo visto venían para ayudar a su compañero. La luz lo cegó por unos segundos impidiendo que vea lo que estaba sucediendo y poco después de haber vuelto a su estado normal, agarró su cuchillo de "Boy Scout" (escultismo) cuando vio al mismo alien que él trató de detener venir hacia él. Como cuestión de instinto, tiró una cuchillada sobre su hombro, pero a su sorpresa, el cuchillo resbaló sobre su piel dura como un rinoceronte, evitando que se penetre. Cuando el extraterrestre trató de agarrarlo, se dio cuenta de que cada uno de sus cuatro dedos tenía una garra afilada. 

Mientras tanto, su asistente, José Ponce, salió de la portezuela del lado derecho de la camioneta y se dirigió hacia el objeto esférico, cuando de repente surgió de la vertiente derecha un pequeño extraterrestre peludo subiendo de prisa por una cuesta empinada y cargando en las manos juntas un montón de tierra. 





Cuando el alien pequeño vio a José Ponce venir, saltó dos metros, se metió en la ventanilla y desapareció en el interior. Segundos después, se asomó con otro ser que estaba armado con un tubo largo y brillante sostenido entre sus manos y señalando a los dos hombres. 

De pronto, sintieron una vibración en todos sus cuerpos, paralizando a Gustavo y a José. Luego observaron la esfera brillante elevándose majestuosamente y en silencio a un punto alto en el cielo nocturno y luego desapareció. 



José Ponce corrió y llegó a la Inspectoría de Tránsito de Petare situada en la misma calle donde ocurrió el extraño suceso. Pocos minutos después, Gustavo González llegó al mismo lugar y después de beber un poco de agua y de recuperarse, relataron con entusiasmo lo que había sucedido a los fiscales de guardia. Manuel Moreno y E. Domínguez afirman que ambos entraron en su oficina a las 2:30 de la madrugada con ese cuento, pero no estaban borrachos ni insanos. Lo que ellos dijeron y narraron era verdad, aunque asombroso estaba lleno de detalles que parecían reales. 



Su amigo José Ponce y él eran capaces de describir a los alienígenas de esta forma; el que Gustavo agarró era peludo, no tenía una nariz, tenía los ojos brillosos, de baja estatura, estaba descalzo y llevaba un vestido muy extraño que parecía un taparrabos. Él era muy ágil y fuerte para su tamaño y fue capaz de soltarse de sus manos saltando como un gato. 

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Más tarde en la mañana, el oficial Jesús Antonio Yanes expresó lo que le sucedió a Gustavo y a José era algo muy singular. Posteriormente, Gustavo tenía un fuerte dolor en el costado izquierdo y fue llevado a un hospital para recibir asistencia médica. A las tres de la tarde (15.00 horas), en el hospital, tomaron una radiografía para descartar una fractura de las costillas, pero se reveló una distensión muscular en ese lado del cuerpo. 


Tras el incidente, personas que los conocían personalmente declararon que ellos tuvieron una experiencia extraordinaria, pero evidentemente, han demostrado que no estaban borrachos. El gerente de la "Industria Nacional de Embutidos C.A." o "Scheper", Antonio Cherchi declaró que conocía a Gustavo y a José de vista y de trato y se dio cuenta de que eran personas serias y trabajadores que llegaban a tiempo todos los días a las dos de la madrugada a retirar sus productos. Él reconoce además que no tenía ninguna queja ni que no había notado algo anormal en ellos, y si ellos dicen que vieron algo o tenían contactos con algo que les perturbó, él les cree... 

Por otra parte, los periodistas que los entrevistaron estrechamente lograron averiguar que Gustavo y José no estaban en realidad bajo la influencia del alcohol cuando ocurrió el incidente. Si hubiesen estado borrachos, las autoridades de tránsito les habrían reprendido. Además, cuando Gustavo fue trasladado a la sala de emergencias, estaba bastante nervioso y su costado izquierdo aparecía un poco magullado. 




Otras personas testificaron que habían visto u oído algo en la calle Bella Vista, entre ellos está la Srta. María Antonieta Avellaneda quien afirmó que ella estaba despierta entre la una y las dos de la mañana, en el momento del incidente y sintió "algo así como una detonación y un siseo sibilante", pero no le prestaba demasiada atención, porque ella estaba preparando un remedio para un niño enfermo en la casa donde vive. 

Asimismo, el Sr. Concepción Garrachan, que vivía en Petare, indicó que horas antes del incidente, había visto sobrevolando al sur de Petare, "Un extraño aparato luminoso que no hacía ningún ruido y que otras personas lo han visto también." Más tarde a las dos de la madrugada, una explosión se escuchó en la calle Bella Vista y otras zonas del Valle de Caracas. 

El Sr. Manuel María Soria, que vivía en la avenida Sucre Nº 31, a sólo tres cuadras del lugar señalado por los testigos del aterrizaje, declaró que cuando se dirigía a su casa a eso de las dos y media de la madrugada en un auto de alquiler, de repente notó que una luz potente iluminó el vehículo, obligándole a detenerse momentáneamente. De pronto se escuchó algo como un silbido agudo, penetrante e insoportable. Puso el auto en marcha a toda velocidad y se dirigió a su casa, donde le contó a su madre, Doña Juanita Soria, lo que había sucedido. La señora contestó que ella había oído "algo", pero creía que "era uno de esos aviones adquiridos por el gobierno que hacen mucho ruido". 


Otro testigo referencial fue el Dr. Julio Garcés, un laboratorista del Hospital Pérez de León en Petare, declaró que poco después de las dos de la madrugada del domingo, al pasar en su auto cerca de la calle Bella Vista, oyó como un grito de terror, procedente de "una voz de chillona". Se detuvo a ver qué ocurría, pero no vio nada. Lo único que oía eran los gritos y no sabía de donde provenían. 


Además, la Sra. Elsa Duderstadt de la calle 9 de Los Palos Grandes, donde vivía, declaró que ella estaba en su jardín de su casa cuando vio una luz muy brillante en dirección a Petare. La luz era muy intensa que ascendía en forma de disco, cambiaba de tonalidad y fulguraba por varios minutos. Su hijo Rodolfo Duderstadt, categóricamente reiteró lo expuesto por su madre e indicó que: "La visión que hemos tenido nos ha dado mucho que pensar, puesto que ocurrió a la misma hora que en Petare. No sabíamos los detalles del caso hasta cuando leímos el relato en los periódicos". La señorita Ursula Wiede, una sobrina de la señora Elsa Duderstadt, también tuvo la oportunidad de presenciar el extraño fenómeno. 

Los vecinos de la urbanización Los Caobos que vivían a lo largo de la antigua vía férrea que conducía a la ciudad de Petare, destacan que en esa misma madrugada y en el momento indicado, observaron cómo una luz muy brillante pasó sobre sus casas alumbrando sus habitaciones con destellos muy intensos. Muchos se abstuvieron a dar declaraciones a la prensa, para evitar ser tildados de locos o ser citado por la "Seguridad Nacional" que había realizado una averiguación al respecto. 

La Sra. Avelina Del Paso, que residía en la calle Andrés Bello, indicó que varias unidades de patrullas policiales y de la "Seguridad Nacional" se presentaron a la zona imponiendo el orden e investigando en las calles, casas y en los terrenos donde se sintió la explosión al paso de la brillante luz. 


El Sr. Francisco Leal, que vivía en la calle 7, sintió la explosión al igual que los demás residentes del sector. Varias familias enteras se encontraban fuera de sus hogares muy asustadas, todas comentaban la posibilidad de que era una especie de "arma" e indicaron que según las declaraciones dadas a la policía que era una luz azulada e intensa que se difundió hacia arriba, todo el mundo oyó el extraño ruido. 

Así termina este relato de un suceso que aún no está claro en nuestros contemporáneos informes de los ovnis porque los medios de comunicación (la prensa) y la ciencia no están dispuestos de exponer al público, ni quiere estudiar, ni si quiera reconocer. 


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