LA CASA DEL AGUILA

Es una mansión que domina un sector del barrio Flor de Maroñas en Montevideo, Uruguay. Desde tiempos inmemoriales. En una construcción vieja que se encuentra vacía y solitaria. Es una de esas casonas arcaicas cuya arquitectura es siniestra, cercada de un parque misterioso y descuidado. 
Encima de la añeja fachada del caserón se erige la figura monumental de un águila de piedra, con un gesto amenazante y las alas abiertas. Allí permanece desde hace muchísimos años, que los vecinos más longevos al hacer memoria no recuerdan el barrio sin la casona y el águila enigmática. 

Durante el día, la casa parece tan sólo un caserón deshabitado, descuidado y viejo, pero en las noches de tormenta la fachada adquiere un cariz siniestro y la tranquilidad se interrumpe en el sector. Los vecinos denuncian en esas ocasiones que varios ruidos extraños comienzan a sentirse desde dentro de la construcción: aullidos o los aleteos de un enorme animal encerrado. 
La policía no suele responder a las incontables denuncias, en especial luego de un insólito suceso. En una ocasión, dos oficiales fueron enviados a inquirir lo que acontecía: llegaron equipados con linternas, decididos a demostrar que los ruidos no eran más que un resultado de travesuras de jóvenes o pura psicosis de los habitantes del barrio. Cuando ya habían revisado el lugar y pensaban que todo estaba bien y se retiraban de la zona, sin embargo, un ruido estrepitoso de derrumbe los forzó a darse vuelta. Con la luz de sus linternas fueron testigos de cómo el águila se desprendía y caía desde el techo estrellándose contra el suelo y haciéndose añicos. Luego se retiraron, pero antes redactaron el informe oficial dejando constancia de lo sucedido.

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Al día siguiente, los dos agentes fueron encerrados por beber en horas de trabajo. Cuando protestaron, el propio comisario los condujo hasta la casa. Para su sorpresa y desconcierto, en lo alto de la fachada, con las alas extendidas y el pico abierto, el águila los miraba con sorna y ubicada en el mismo lugar donde siempre estuvo y donde permanece hasta hoy en día. 
Los vecinos, mientras tanto, tienen sus propias historias y relatos sobre el águila que cobra vida y hace de las suyas en las noches de tormenta. La han visto moverse, aletear o levantar vuelo, entre muchos cuentos que remiten a la maldición del águila lo que acontece en dicha casa, cuyo origen es desconocido 


Sobre esta casa existe otra historia terrorífica pendiente. Dicha construcción fue edificada por el ayudante del dictador Máximo Santos a fines del siglo XIX, el general Esteban Pollo, masón en grado 33. Los vecinos más viejos y antiguos de vivir en este barrio dicen que dicho caserón fue utilizado en la década de los años ’70 como calabozo para prisioneros políticos, siendo testigo mudo de innumerables torturas y muertes. 

Y según cuentan en dicha casa había instrumentos de tortura que hacía gritar hasta el más aguerrido de los hombres. Los gritos de los torturados eran indecibles y horripilantes por las torturas inmisericordes que se efectuaban en dicha casa. Las máquinas de tortura que se usaban fueron sacadas de la casa cuando el dueño decidió venderla y trasladarse de residencia. 

En las noches de tormenta, según menciona la leyenda pueden escucharse los gritos y quejidos de los prisioneros que fueron encarcelados y torturados en esta casa por más de dos siglos, mezclándose con el aleteo monstruoso del águila de piedra que reaparece. 

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