LA PESADILLA

Las pesadillas son corceles malvados que habitan en planos inferiores, donde el mal es más poderoso.
Su aspecto es muy parecido al de un gran caballo, generalmente negro, con ojos brillantes y rojos, al igual que los orificios nasales. Sus crines son llamas anaranjadas y sus cascos son ascuas ardientes.
Suelen ser monturas de otros seres malvados; muertos vivientes y grandes señores del mal que se encuentran, al igual que la pesadilla, en los planos más bajos. Como monturas son leales a sus jinetes, con los que no necesita comunicarse verbalmente ya que la pesadilla detecta el estado anímico del jinete y sabe actuar consecuentemente.
Es un error considerar a la pesadilla como un simple caballo, no sólo por la elevada inteligencia que muestra, si no por la naturaleza no biológica de la pesadilla. Se piensa que, en origen, fue un sirviente humano al que las fuerzas oscuras dieron forma de caballo para poder ser montado.
Las pesadillas obedecen sin reparos a las criaturas más perversas, aunque podrían servir también a seres de naturaleza más noble siempre y cuando consigan adiestrarlas con los conjuros adecuados. Aun así, el poder de estos conjuros es corto y apenas supera los 3 días.

No necesitan alimentarse ni respirar, lo único que toman es una especie de viruta que está compuesta principalmente por platino. Los seres que intentan domar mágicamente a la pesadilla deben dar este “alimento” al corcel para lograr que éste les obedezca.
Una pesadilla no es nada despreciable como enemigo. Son muy fuertes y pueden atacar con sus cascos ardientes provocando quemaduras y heridas mortales. Además, mientras se encuentran en plena lucha se desprende de sus orificios nasales un gas tóxico que paraliza a sus contrincantes.
Las pesadillas también actúan como mensajeras, llevando noticias y conclusiones de los concilios oscuros.

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