¿Alguna vez estabas haciendo algo rutinario y al momento siguiente te das cuenta de que, sin explicación, has cambiado de sitio y de actividad? 

Una falla o error en la Matrix es una experiencia que nos demuestra que existen errores en el mundo real o en algún “lugar” de nuestro cerebro. Más que un Déjà vu, son episodios que perturban la lógica de la realidad y para los que nadie tiene un explicación congruente. Algunos dicen que se trata de portales a otra dimensión, de “errores en el código” de nuestro mundo o de actos ilusorios promovidos por seres que nos controlan. A continuación te presentamos un compilado de estos relatos... 

¿Muerto o vivo? 

Yo sabía que mi tío había muerto. 

Mi madre me había llamado para darme la noticia. Me quedé muy mal después de eso. Me llamó en pleno horario de trabajo e incluso se lo conté a un compañero, que me dio sus condolencias por la pérdida de mi familiar. 

Algunas semanas después me encontraba platicando con mi hermana y me empezó a decir sobre un viaje que mi tía y tío estaban haciendo. Le dije que eso era imposible, pues él estaba muerto. Ella me aseguró que no, que estaba vivo. Entonces llamé a mi madre y, en realidad, no había muerto. 


Hasta hoy no sé qué tanto de aquel día fue imaginación y que tanto verdad. ¿Realmente se lo conté a mi compañero en el trabajo? ¿En realidad conversé con mi madre aquel día? Me aterroriza saber que mi cerebro puede crear recuerdos falsos tan reales como ese. 



En francés, por favor. 

Hace algunos años me desperté al lado de mi (ahora ex) novia y empezamos una conversación bastante fluida en francés. Me levanté, me dirigí al baño y mientras el agua empezó a correr recordé que ninguno de los dos hablaba francés. Cuando salí del baño le pregunté. Ella recordaba lo que sucedió, pero estaba tan confundida como yo. Lo que es peor, no pude recordar lo que hablamos, pues no hablo absolutamente nada de francés. El cerebro es algo realmente raro. 


Un camino distinto. 

Hace algún tiempo iba a pie camino al trabajo cuando me invadió una necesidad absurda de tomar un camino diferente al que normalmente hago. Trabajo en el centro de una gran ciudad. Fue algo bastante inesperado que terminó cambiando mi vida para siempre. 


Terminé deteniéndome en un callejón que nunca había visto antes. Recuerdo que avancé otros cinco metros hasta que la “falla” se produjo. Todo en mi mente explotó. Sentí como si mi cuerpo ya no existiera, como si fuera un ser semiconsciente flotando a través de una dimensión muy rara. De repente, entre tantas formas y colores, tuve una visión. Se trataba de varias personas desconocidas que, en mi mente, parecían empresarios vestidos con traje. Parecían temerosos y llenos de un pánico que podía ver. Una de estas “personas” hizo un movimiento brusco y todo se volvió negro. 

Cuando regresé a mi estado normal, me encontraba en una calle completamente distinta. Era la calle por la que siempre pasaba rumbo al trabajo. Me sentí enfermo, perturbado y depresivo. 

Nunca use ningún tipo de droga ni medicamento pesado, nunca sufrí de alucinaciones y previo a esto nada de la misma naturaleza me había sucedido. Lo más extraño fue que cuando la falla estaba sucediendo, yo podía ver a aquellas personas observándome como a un animal en una jaula, sentía que me estaban controlando. Hasta el día de hoy aquel episodio me sigue perturbando. 


Curva acentuada. 

Cuando tenía unos diez u once años me dirigía a la playa con mi tía y algunos amigos. Estábamos divididos en dos automóviles. Para llegar a la playa era obligatorio pasar por un área industrial bastante grande. No conocíamos el camino, por lo que seguimos a otro auto. En un momento del viaje, el auto que seguíamos giró sin avisar y el conductor de nuestro auto tuvo que hacer una curva bastante acentuada 


En ese preciso momento todos escuchamos una voz alta y clara dentro del automóvil diciendo “curva acentuada, ¿verdad?” y riéndose. El conductor pisó el freno inmediatamente. Nos miramos unos a otros, sin comprender lo que había pasado. Aquella voz no pertenecía a ninguna de las personas dentro del auto. 

Justo después nos dimos cuenta que el otro carro también se había detenido. El conductor del otro vehículo se bajó con una expresión de terror en el rostro y gritó “¿Ustedes también lo escucharon?”. Habían escuchado exactamente lo mismo dentro del otro automóvil. La zona estaba totalmente desierta. Ninguno de los carros llevaba el radio encendido. 


Un sueño sobre el suicidio. 

Cuando todavía pasaba por la adolescencia, durante una noche, tuve dos sueños muy pesados. Uno era sobre una amiga de Internet que me llamaba para contarme que había terminado con su novio, yo le canté algunos trozos de la canción “Don’t Cry” de Seal para que se animara un poco. En el segundo sueño estaba yo con otra amiga (de la vida real) muerta, flotando dentro de una bañera llena de agua. 


No pensé mucho en ese sueño hasta que esa misma noche entré a Internet y esa amiga a distancia me contó que había terminado con su novio. Inmediatamente le pregunté si podía llamarla, y ella dijo que no. Recuerdo que pensé que aquello podía significar algo, como si tuviera la oportunidad de cambiar las cosas. 

No mucho tiempo después, mi teléfono timbró. Era mi amiga de la vida real, del otro sueño, llamándome. Estaba aterrorizado en ese momento, pero intenté conversar con ella de la manera más normal posible. Me platicaba de la escuela y cosas de la rutina. Hasta que noté en el sonido de fondo el agua cayendo. Le pregunté “¿estás en la bañera?”. Ella respondió que sí y sentí que el corazón se me detuvo. Le pregunte “¿Qué hiciste?”. No respondió al instante, y después de una larga pausa, me contó que había ingerido un cóctel de medicamentos controlados mezclados con hongos alucinógenos y vodka. Se había acobardado al esperar sola el efecto, por lo que me llamó para calmarse. Colgué y llamé a la policía. Cuando los agentes llegaron, ya estaba inconsciente, pero seguía viva. 
Hoy es madre de una niña hermosa y vive feliz. 


Sin moretones ni heridas. 

Hacía payasadas en el barandal de mi balcón en un cuarto piso cuando caí mientras mis amigos veían la escena aterrorizados. Recuerdo perfectamente ver el suelo de concreto aproximándose a mi rostro y pensar “Vaya mierda, me voy a romper la mano” (no tengo idea de porqué pensé precisamente en mis manos cuando tenía problemas más serios). 

Lo siguiente que recuerdo es a mis amigos gritando desde arriba “¿ESTÁS BIEN?”. Miré hacia arriba y les pregunté “¿Qué pasó?”. 

Ellos no me habían visto golpear contra el suelo, corrieron hasta el barandal y me encontraron de pie, viendo hacia arriba, confundido. No tuve ninguna herida ni moretón. El recuerdo del golpe contra el suelo no existe. Esos dos segundos no existen más en mis recuerdos. 

Ninguno de los tres entiende lo que sucedió; sin embargo, vimos la escena y concordamos en que realmente sucedió. 


Mis ojos queman. 

Hace aproximadamente 15 años, unos amigos de mis padres, llamados Steve y Julie, fueron despertados por un fuerte estruendo que sacudió su casa. Preocupado por que alguno de sus hijos se hubiera caído de la litera mientras dormía, Steve corrió por las escaleras y se encontró con sus tres hijos durmiendo plácidamente en sus camas. Julie le pidió a Steve que revisara para confirmar que no hubiera ningún intruso dentro de la casa y el hombre revisó todas las puertas y ventanas antes de salir al jardín. 


Tras diez minutos investigando lo que podría haber causado aquel ruido y no haber encontrado nada fuera de lugar, volvió a casa y se fue a la cama. Encontró a su esposa muy preocupada, incluso un poco descontrolada, preguntándole que dónde se había metido y qué había pasado. Confundido y cansado, Steve le dijo que no había encontrado nada e intentó calmarla, hasta que ella apuntó al reloj y le dijo que eran las cuatro de la mañana, que se había ido durante más de tres horas. Julie incluso había salido de la casa, gritado su nombre y no lo encontró por ningún lado. Sin lograr entender lo que había pasado, los dos regresaron a dormir hasta que Steve tuvo que levantarse para ir al trabajo. 

Steve trabajaba pintando casas y después de algunas horas en el trabajo notó que sus ojos le daban comezón, después comenzaron a arder, y tras algunas horas le quemaban tanto que tenía que sostener sus párpados, pues cada vez que los cerraba sentía como si fueran lijas raspando contra el globo ocular. Sus compañeros de trabajo lo llevaron al hospital y allí le diagnosticaron quemaduras de segundo grado en los ojos. Los médicos le dijeron que sus quemaduras eran equivalentes a mirar fijamente una máquina de soldar en funcionamiento durante horas sin ningún tipo de protección. Le trataron los ojos y tuvo suerte de recuperar la vista en su totalidad. 

¿Y tú, has tenido alguna experiencia de este tipo?
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