Estar solo es a menudo considerado un castigo que, llevado al extremo, conduce a la locura. Ello explicaría por qué uno de los métodos de castigo más extendidos en la historia es el aislamiento forzoso y absoluto, en el que el reo es privado de todo contacto con el exterior.

Abundan los ejemplos alegóricos de destierro forzoso: Napoleón en Santa Elena, fundación de Australia para albergar a reclusos británicos como explica magistralmente Robert Hughes en The Fatal Shore, envío de reos políticos a Siberia durante las purgas rusas y soviéticas. Además del destierro remoto y aislamiento de la sociedad, el secuestro o el naufragio son otros casos extremos de aislamiento no voluntario, igualmente dramáticos, ideales para una novela romántica con héroe byroniano incluido.

Pero el aislamiento no siempre es forzoso ni conduce a la locura, sino más bien, han creído quienes han practicado la contemplación solitaria desde la Antigüedad, "eleva" el físico y el espíritu. No es una constatación simplemente mística, sino científica.

Razones de la vida apartada y la simplicidad voluntaria

Movidos por motivos religiosos, políticos o artísticos, la historia no sólo compila ejemplos de eremitas, anacoretas, ermitaños,misántropos o personajes influyentes que eligen libremente una vida apartada -a menudo dedicada a poco más que la contemplación y la meditación-, sino que muchos de estos personajes fundaron, después de su cultivo interior en solitario, ideas, filosofías de vida y religiones todavía vigentes en el mundo.

La soledad, entendida como herramienta de cultivo del pensamiento, la creatividad y el trabajo productivo (ver artículo), es reivindicada de nuevo en la era de la sobrecarga informativa, dado el dominio abrumador de las teorías del "nuevo pensamiento grupal", que sostienen que la colaboración per se es beneficiosa para la creación humana.

La soledad voluntaria es alabada como un método de concentración útil para desprenderse de las constantes interrupciones que bloquean el avance de una tarea, o el crecimiento de una idea o proyecto, a menudo surgidos del trabajo solitario.

Recopilamos a continuación la trayectoria de algunos de los más influyentes ermitaños de la historia.

1. Buda Gautama (563-483 aC)

Arquetipo de ermitaño iluminado. Durante su existencia, con remarcables paralelismos con Mohandas Gandhi, Siddhartha Gautamá abandonó una vida acomodada para buscar el solitario la iluminación espiritual.

Para lograrlo, primero se convirtió en ermitaño, para más tarde abandonar el ascetismo y fundar el budismo, tras haber logrado la iluminación, acontecimiento simbólicamente acaecido bajo un bodhi (árbol de la sabiduría).

Figura sagrada para dos de las principales religiones del mundo, budismo e hinduísmo, Buda Gautama se había casado a los 16 años y tuvo un hijo. Se alejó de su vida palaciega y abrazó la vida ascética.

Exploró las fronteras del aguante físico y mental humanos, llegando al borde de la inanición. Ello le convenció de que el camino adecuado para lograr el despertar espiritual era la meditación y la moderación (el camino medio), en una vida alejada tanto del placer fácil como de la mortificación asceta.

2. Lao-Tsé (551-479 aC)



Lao-Tsé (también Lao Tzu, Lao Zi, Laozi o Laocio) se disputa con Confucio el ser considerado el filósofo más relevante de la civilización china, y la compilación de su pensamiento (Dào Dé Jing o Tao Te Ching) es una de las obras cumbre de la filosofía universal, que influyó en Occidente a través de la Ruta de la Seda desde mucho antes de los viajes de europeos hacia Oriente, inaugurados por Marco Polo.

Pese a que su propia existencia es fruto de la controversia, se considera a Lao-Tsé contemporáneo de Confucio y Buda, así como el maestro de ambos. Según la tradición, Lao-Tsé vivió sus últimos días como un ermitaño, adaptándose al flujo de la naturaleza, tal y como él mismo había descrito en el Tao Te Ching.

Lao-Tsé analizó el funcionamiento de la naturaleza (orden cosmológico del universo, Yin-Yang) y su funcionamiento fluido u "orden natural". Para mejorar su existencia, el ser humano debe recuperar su armonía cósmica, entendiendo de nuevo el ritmo de la naturaleza y fluyendo con él.

Su libro Dào Dé Jing, "el Camino", se acerca con parábolas al orden del Universo, describiendo conceptos como el de wei-wu-wei, "acción mediante la inacción", que no significa permanecer indolente, sino renunciar a la voluntad y los deseos del momento cuando obstaculizan la fluidez armónica de la naturaleza.

Según el Dào Dé Jing, la virtud se alcanza cuando se respeta el modo en que las cosas crecen y decrecen. Actuar de acuerdo con el Tao, sin contradecirlo, es mucho más fácil, productivo, "acorde con la naturaleza".

Los paralelismos entre su pensamiento y el confucianismo, el budismo (y su "camino medio") y el eudemonismo griego (el estoicismo, por ejemplo, y su vivir mesuradamente y de acuerdo con la naturaleza), le convierten en candidato probable de un ideario original que influyó sobre el resto.

3. Prisciliano (340-385)


Prisciliano de Ávila, seguramente nacido en la Gallaecia romana, actuales territorios de Galicia, norte de Portugal y parte de Asturias, León y Zamora, ha pasado a la historia como el primer hereje sentenciado a muerte y ejecutado por la iglesia católica.

Hasta su muerte, a traición y mediante la decapitación, en la ciudad gala de Tréveris en 385, Prisciliano se había convertido en un peligro para el creciente poder de la jerarquía católica, que sustituía rápidamente el poder administrativo de la Roma laica, debido a que sus ideas se apartaban demasiado de la ortodoxia.

Este obispo hispano, nacido en el seno de una familia patricia, influenciado por el estoicismo de las clases dirigentes romanas y los restos culturales del panteísmo tradicional celtíbero, muy relacionado con bosques, manantiales e hitos naturales, dio al gnosticismo un nuevo impulso.

Se atrevió a predicar la igualdad entre hombres y mujeres en el culto religioso, practicó misas en el bosque, sin más liturgia que sus palabras, fusionando la energía pagana del panteísmo celta con el cristianismo primitivo.

Su obra fue destruida en su práctica totalidad, pero discípulos y eruditos posteriores recuperaron, a escondidas, muchas de sus ideas, en ocasiones sin atribuirlas al "hereje".

No obstante, como demuestra el excelente libro Prisciliano, de Xosé Chao Rego (1999, Ediciones A Nosa Terra), el corpus de Prisciliano estaba a menudo tan próximo al zoroastrismo que sus ideas acerca del Universo y vivir de acuerdo con el curso de la naturaleza le situaban más cerca de Buda Gautama y Lao-Tsé (o, posteriormente, de Francisco de Asís), que de muchos prelados católicos coetáneos.

Prisciliano practicó la meditación y se retiró a menudo a bosques y cuevas, viviendo del bosque y la caridad e indagando en la contemplación espiritual; un Thoreau del siglo IV de nuestra era. Se adelantó más de un milenio a su época y lo pagó con su vida, la excomunión y la práctica destrucción de su obra.

Hay sospechas fundadas de que el mártir enterrado en el bosque de la diócesis de Iria Flavia llamado de Libredón, en una pequeña capilla que se convertiría posteriormente en la catedral de Santiago de Compostela, sea en realidad Prisciliano.

4. Francisco de Asís (1182-1226)


Como Prisciliano, Francisco de Asís nació en el seno de una familia acomodada, en este caso dedicada al comercio en la Asís del siglo XII.

También como Prisciliano de Ávila, Francisco de Asís tuvo una juventud despreocupada y confortable, hasta que el horror de la guerra despertaran un desapego por lo terrenal y un mayor interés por la contemplación y el desapego entre pensamientos y sensaciones.

Huyó de lo terrenal practicando una vida sencilla y austera, que le convirtieron en un estoico católico viviendo bajo estricta pobreza y practicando la "meditación" (la versión de la Iglesia Católica: "San" Francisco de Asís vivió en la estricta pobreza y observancia de los Evangelios).

Su interpretación del cristianismo le acercó al estoicismo y el gnosticismo, aunque fue lo suficientemente hábil como para que su orden, que llevaba su nombre, fuera aceptada por Roma.

Eso sí: Roma ideó un Asís a medida para la posteridad. Fue canonizado 2 años después de su muerte y sus posturas teológicas fueron edulcoradas, mientras la orden franciscana ya había sido adaptada a las prerrogativas católicas, al obligarla a adoptar la regla de San Benito o San Agustín mientras Francisco de Asís todavía vivía.

Su forma de vivir no fue aceptada por algunos de los nuevos miembros de su orden mientras él todavía vivía, disconformes con la "regla primitiva", la militancia en la pobreza y la vida dedicada a ayudar a leprosos y otros necesitados.

Tras fundar las Hermanas Clarisas y antes de sus años dedicados a predicar su visión del cristianismo en el norte de África y Oriente Próximo, se retiró en varias ocasiones a meditar y buscar la tranquilidad espiritual (la "virtud y tranquilidad" del estoicismo) en la montaña de La Verna. Practicó el retiro y la meditación solitaria durante varias etapas hasta su muerte.

Tras su muerte, la Iglesia Católica acercó hábilmente los aspectos más polémicos de la figura del monje canonizado a la doctrina oficial. No es casual que Roger Bacon, padre del empirismo científico; y Ramon Llull, maestro que intentó fusionar las tres religiones abrahámicas a través de su Ars Magna e interpretación de la cábala, fueran ambos franciscanos.

5. Emily Dickinson (1830-1886)



La poetisa estadounidense pasó buena parte de su vida recluida en una habitación de la casa paterna, donde escribió su obra y leyó a coetáneos estadounidenses como Edgar Allan Poe, Ralph Waldo Emerson (amigo personal de Henry David Thoreau) y Walt Whitman.

Excepto cinco poemas, tres de ellos publicados sin su firma y otro sin que ella lo supiera, su obra no fue publicada hasta su muerte, momento desde el cual es incluida entre los más grandes autores estadounidenses.

El nacer en una familia de clase alta de Nueva Inglaterra, con amigos como el propio Ralph Waldo Emerson, convirtieron la casa paterna en lugar de reunión de personalidades de una época en que era común que las mujeres de su clase que no se casaban permanecieran en la casa familiar.

La obra de Dickinson fue influida profundamente por Ralph Waldo Emerson, que conjuntamente con su amigo Henry David Thoreau había sentado las bases de la teoría ética del trascendentalismo: una especie de recuperación del estoicismo e influencias del hinduísmo, así como del romanticismo alemán de Johann Gottlieb Fichte y Friedrich Schelling. Es decir, vida de acuerdo con la naturaleza, renuncia a la vida urbana y exaltación de la naturaleza.

El trascendentalismo creía que la vía intuitiva de la conciencia individual. Algo así como el Camino Medio de Buda Gautama, o la tranquilidad de los estoicos, o el wei-wu-wei, "acción mediante la inacción" de Lao-Tsé, en la que no se requieren milagros, ni jerarquías religiosas, ni mediaciones. Panteísmo.
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