"El término Demiurgo (artesano en griego) fue acuñado por el filósofo griego Platón para referirse al creador del mundo material imperfecto. El nombre fue luego retomado por la mayoría de escuelas gnósticas para referirse al dios de la Materia, creador del universo físico y, en general, visto como un ente malvado o, cuando menos, imperfecto.





En la doctrina gnóstica el Demiurgo era hijo de la diosa Sofía (la Sabiduría) hija del Dios de la Luz o Absoluto Inmanifiesto, es decir, el Dios Verdadero más allá de la materia. En la doctrina del heresiarca gnóstico Marción, el Demiurgo es un dios demoniaco adorado por los judíos, el dios del Antiguo Testamento, sin relación alguna con Jesús, quien es el hijo del Dios de Luz. Para Marción había tal incompatibilidad entre judaísmo y cristianismo que eran dos religiones totalmente diferentes y que solo tenían en común la zona geográfica.

Otros pensadores gnósticos como Valentín, Simón el Mago y Mani plantearon similares distinciones entre el dios de la materia identificado con el Demiurgo y el Dios del Espíritu. Los cátaros asociaban al Demiurgo con Satán y aseguraban que la Iglesia Católica era adoradora y servidora de este último, al ser una iglesia decadente corrompida por la opulencia y la riqueza, y que promovía la prisión de los seres en la materia.


El Demiurgo también ha sido asociado con Moloch, dios mesopotámico adorado por diferentes pueblos semíticos como fenicios, cartagineses y hebreos. A Moloch se le adoraba sacrificándole niños vivos que eran lanzados en una imagen de metal de él que era encendida al rojo vivo por una hoguera. Los niños y bebés eran lanzados a su enorme bocaza y morían lentamente. El aspecto de Moloch era similar al de un demonio. Los romanos asociaron a Moloch con Saturno, dios devorador de niños. Saturno (el Cronos griego) a su vez, es asociado por los gnósticos con Satán. El día de Saturno es el sábado, mismo día del dios judío, a quien estos consagran el Sabbath.

Esto ha llevado a distintos pensadores modernos gnósticos como Miguel Serrano, Pablo E.F. López Meza, Luis Felipe Moyano y José María Herrou Aragón a sintetizar que el Demiurgo es el mismo Satán, Saturno, Moloch y Jehová el dios judío, ya que segun estos:


El Dios del Nuevo Testamento es desconocido: «Nadie conoce al Padre, sino el Hijo», mientras que el Dios del Antiguo Testamento es conocido por Adán y por los demás impíos.

Cristo conocía lo que hay en el corazón del Hombre; el Creador pregunta a Adán: ¿dónde estas?

Cristo era bueno con los ciegos, que David había mandado matar.

Cristo da vista a los ciegos, mientras el Creador no cura la ceguera de Isaac.
Moisés se impone como juez entre sus hermanos que pelean. Cuando a Jesús le piden que resuelva una disputa, él se niega.

Los israelitas salieron bien equipados de Egipto después de despojar a los egipcios por orden del Creador Cristo manda a predicar a sus discípulos «sin nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno».

El Creador legisla «ojo por ojo, y diente por diente»; el Hijo del Dios Supremo dice «si te pegan en una mejilla, presenta la otra».

La Ley declara que si uno toma un vestido ajeno, el culpable pagará el doble; Cristo declara «al que te quite el manto, no le niegues la túnica»

El Creador envía fuego sobre los enemigos de Eliseo; Jesús reprende a los discípulos que le piden que envíe fuego.

El Creador envía los osos que devoran a 42 niños que se habían burlado de Eliseo; Cristo dice a sus discípulos «dejad que los niños vengan a mí».

El Creador sanó sólo un leproso por medio de Eliseo, cuando en Israel habían muchos, y para ello necesitó que se lavara en agua siete veces; el Hijo del Dios Supremo sanó a diez, con su sola palabra, e inmediatamente; por otra parte, el que regresa glorificando a Dios no cumple la Ley.

El profeta del Creador dice «que no oigan los que tienen oídos»; Cristo dice «el que tenga oídos, que oiga».

La Ley dice «Maldito el que está colgado de un madero»; Cristo fue colgado en un madero.

El Cristo judío vendrá sólo para Israel; el Cristo de Dios viene para todos los pueblos de la tierra.

El Dios bueno es bueno ante todos; el Creador se preocupa sólo de los que le pertenecen. El Bueno salva a los que creen en Él, pero no castiga al resto; el Creador salva sus fieles y castiga al resto.

La maldición es la característica de la Ley; la bendición caracteriza al Evangelio.

En la Ley, el Creador ha dicho: «Yo hago al rico y al pobre»; pero Cristo sólo llama bienaventurado al pobre.

En la Ley se le da la fortuna a los ricos y la desgracia a los pobres; en el Evangelio es al revés.

La ley manda amar al prójimo y odiar al enemigo; pero es necesario amar a los enemigos.

El Creador ha establecido el Sábado, que Cristo no ha observado.

La Ley prohíbe tocar a una mujer con flujos de sangre; el Cristo de Dios no sólo la toca sino que la sana.



La evidencia que presenta Marción no puede ser más clara; el dios judío ó Demiurgo, el del Antiguo Testamento, es un ser sanguinario y cruel, que comete infanticidio, envía fieras a devorar niños inocentes, incapaz de curar una simple ceguera, maldice, ordena el robo, el asesinato y la violación (como cuando Moisés ordena a los hebreos tomar a las mujeres de los derrotados midianitas y repartirlas entre los hombres), un ser avaricioso y malvado, un monstruo. Mientras que Jesús es un ser noble, amoroso con los niños, aparentemente más poderoso que Jehová, que predica la paz y el amor. 

¿Puede pensarse entonces en dos doctrinas más diferentes? El judaísmo que predica el odio, la violencia, la avaricia y la matanza, y la doctrina de Jesús que predica el amor, la paz, el desprendimiento y la misericordia. Esto a pesar de que posteriormente el cristianismo se asemejaría más en su accionar al judaísmo que a la doctrina de su fundador. Jesús era más parecido a Buda que a cualquier profeta judío previo."
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