Es el más famoso exorcismo de Juan Pablo II. Ocurrió el 6 de septiembre de 2000. Sabrina tenía 19 años y se encontraba junto a 10 personas muy cerca de la plataforma preparada ante la basílica de San Pedro y en la que el Papa estaría para celebrar una misa. 

Apenas vio a Juan Pablo II entrar en el recinto, Sabrina comenzó a gritar obscenidades y retorcerse. Y pese a que la plaza estaba llena, el Santo Padre señaló la presencia de la joven y le pidió a su secretario, monseñor Stanislaw Dziwisz, que llevara a la joven ante él. Tras una oraciones la joven se calmó no sin antes expulsar espumarajos por al boca.

El Papa y Sabrina se reunieron en una habitación privada junto a la Basílica de San Pedro. La mujer, que había sido arrastrado allí por sus padres, estaban en trance. "Sus ojos eran dos zócalos blancos. Babeaba y tenía colgando la cabeza hacia atrás. Al llegar el Santo Padre empezó a gritar y temblar", cuenta Gabriele Amorth. El proceso duró 30 minutos, durante los cuales Juan Pablo II celebró un acto de exorcismo menor, que no implica la lectura de los textos bíblicos. Le dio una bendición, la abrazó y Sabrina se calmó. 

"El diablo se enfureció por el encuentro con el Papa. Y quiso demostrar su fortaleza. El exorcismo no había podido expulsarlo", dijo el sacerdote. Lo que vio lo dejó sin habla a continuación: "Sabrina se levantó de la silla en la que estaba sentado. Ella me habló. Pasó junto a mí sin mirarme. Estaba justo en la pared detrás de mí y comenzó a caminar horizontalmente en la pared hacia el techo como si fuera la cosa más natural del mundo. Luego vino abajo como si nada".

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