Existen múltiples rituales de pacto con el Diablo, sin embargo son pocos los rituales individuales (no grupales) específicamente concebidos para entregar eternamente nuestra alma al Demonio (Lucifer/Satanás) a cambio de ciertos beneficios. En cuanto a su efectividad, es realmente discutible el hecho de si es o no es factible para la mayoría de personas el conseguir sus fines tras haber efectuado adecuadamente el ritual. Discutible también es el hecho de si es o no posible vender o entregar el alma al Diablo (suponiendo su existencia), lo cual dependerá casi por completo del sentido exacto que se le dé a “vender” o *entregar*. Así y por ejemplo, en cuanto a la efectividad vemos que, en términos generales, ésta solo será altamente posible para quien domine aspectos como la visualización, la concentración, la capacidad de convencerse de que el ritual funcionará *la llamada *fe*, etcétera - 



Otro aspecto a considerar es lo psicológicamente nocivo que puede, en virtud de la autosugestión y otros mecanismos psíquicos, resultar un ritual satánico adecuadamente efectuado. Aclarado lo anterior, ponemos a disposición del lector los dos rituales que, por sus diversas características, podrían considerarse como los más representativos, sobre todo el segundo.


Lo primero que necesita hacer es bañarse. El agua debe estar lo más fría posible y de ningún modo caliente, ya que supuestamente el agua fría ayuda a limpiarse astralmente. La utilidad de este paso está en que el baño se considera un símbolo de respeto a la entidad que se invocará; particularmente, si usted va a vender su alma al Diablo esto constituye un gesto muy pertinente, ya que es una forma simbólica de expresar nuestro deseo por limpiarnos, por sacarnos de encima todo lo anterior, todo lo previo a la llegada (a través del pacto) del Diablo a nuestras vidas… 

Lo segundo que usted necesita es proveerse de: 1) una o más velas negras o rojas, 2) una aguja o un estilete para extraer sangre de su dedo, 2) una hoja en blanco para escribir la fórmula preestablecida o una fórmula inventada que sea pertinente, 3) un tipo de pluma o lo que sea que te permita escribir bien con tu sangre. 

Una vez que se ha provisto de lo anterior, puede elegir entre inventar su fórmula o tomar la fórmula preestablecida. Se recomienda sin embargo que no corra riesgos y escriba (en el papel en blanco) la fórmula preestablecida, la cual es como sigue: 

‹‹Ante el todopoderoso e inefable dios Satán/Lucifer y ante la presencia de todos los demonios del infierno que son los verdaderos dioses, yo, (escriba aquí su nombre completo), renuncio a cualquier tipo de lealtad pasada. Yo renuncio al Dios judeocristiano Jehová, también yo renuncio a su maligno y sin valor hijo Jesucristo, y yo renuncio del loco, odioso y podrido Espíritu Santo. 

Yo proclamo a Satán/Lucifer como mi único y verdadero Dios. Yo prometo reconocerlo y honrarlo en todo lo que haga, sin ningún tipo de reservación, deseando a cambio su gran asistencia para lograr mis objetivos de forma correcta.›› 



Después de haber escrito la fórmula, encienda las velas negras o rojas, tome el instrumento elegido para sacarse sangre, sáquese sangre del dedo índice (no se le ocurra reemplazarlo por otro dedo, tiene que ser ese) de la mano izquierda y ponga sus nombres y apellidos a modo de firma (con esa sangre, haciéndola bien) en la hoja donde escribió la fórmula, justo del mismo lado de la hoja en que está la fórmula. 

Tras lo anterior, concéntrese profundamente y recite la fórmula mentalmente (para lo cual deberá saberla de memoria). Después, tome el papel, dóblelo, quémelo en la llama de cualquier vela negra y, si desea, póngase a meditar (con los ojos cerrados y en alguna posición de meditación) y finalmente, cuando sienta que el proceso está cumplido, diga lo siguiente en voz alta (sobre todo la parte de *viva Satán*) y con absoluto convencimiento: “LO QUE QUERÍA, AHORA ES. ¡VIVA SATÁN!

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