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Más de 150 obras entre cuadros, grabados y esculturas del platillo volante y los extraterrestres de apariencia reptiliana que observó el prestigioso pintor Robert Llimós, constituyen el resultado tangible de su encuentro cercano en la tercera fase. Un reportero entrevistó al artista en su estudio barcelonés para conocer los detalles de la experiencia, además de ahondar en otros casos de contactos y abducciones protagonizados por alienígenas de similar aspecto… 



El suceso que me cambió la vida ocurrió el 12 de junio de 2009 en Fortaleza (Brasil) –comenzó con su relato el reconocido pintor y escultor Robert Llimós–. Vi un platillo volante y a dos de sus ocupantes. Pero no sólo eso, sino que estoy convencido de que estuve dentro de la nave un buen rato, puesto que tengo vagos recuerdos de ello y perdí casi tres horas de tiempo. Me da la impresión de que me borraron de la mente lo sucedido en el interior de aquel impresionante artilugio volador». Me encontraba frente al protagonista de uno de los casos de encuentros cercanos con OVNIs y humanoides más interesantes de los últimos años, y precisamente donde da rienda suelta a su arte: en su amplísimo estudio, situado en el barcelonés barrio de La Ribera, muy cerca del señorial Palacio de la Música.
En cuanto traspasé la puerta del lugar de trabajo del prestigioso artista y eché el primer vistazo a mi alrededor, la enorme sorpresa que me llevé se debió reflejar de forma evidente en mi rostro, porque uno de sus ayudantes, con una amplia sonrisa, me soltó: «Adelante, pase. Puede mirar y fotografiar lo que quiera. Robert tardará un rato en llegar, así que tiene tiempo para curiosear lo que le apetezca». Cuadros, grabados, dibujos y esculturas se amontonaban aquí y allá. Lo interesante es que todos ellos tenían como motivo el encuentro cercano protagonizado por el pintor catalán. Las esculturas mostraban a los tripulantes del OVNI y los cuadros y demás motivos tanto a éstos como al enorme platillo volante que Robert tuvo la oportunidad de contemplar a poco más de un metro de distancia.

Desenfundé mi Nikon y me dispuse a inmortalizar las obras artísticas que me rodeaban, una a una. Pero antes, no pude evitarlo, pasé mi mano por la escultura que reflejaba a uno de los alienígenas, de rasgos claramente reptiloides. 

«QUERÍAN QUE LOS PINTARA»

Cuando terminé el trabajo fotográfico, saqué de mi mochila unos folios con el apabullante currículum profesional de Llimós. Quería ojearlo antes de que apareciera por la puerta. Hijo del también pintor Camil Llimós i Aubí, tras terminar los estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes de Sant Jordi, comenzó su carrera profesional allá por 1964. Cinco años después se internó en el arte conceptual y en 1972 retornó a la pintura para realizar un mural en la residencia mallorquina de la multimillonaria familia March en Cala Ratjada. Vivió largas temporadas en Nueva York y Miami, y en los últimos cincuenta años ha participado en infinidad de exposiciones, tanto individuales como colectivas, y sus obras se reparten en multitud de museos y colecciones públicas y privadas.

En 1996 realizó una de sus esculturas más famosas para los Juegos Olímpicos de Atlanta, que hoy en día puede contemplarse en el distrito comercial de Underground en esta ciudad. Un año después hizo una similar, que bautizó como Marc, en homenaje a su hijo del mismo nombre prematuramente fallecido. Es una escultura en bronce que actualmente se encuentra en el Parque del Puerto Olímpico de Barcelona. En 1994, Llimós recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas de la Generalitat de Cataluña.

El artista no tardó en llegar, dio algunas instrucciones a sus ayudantes y nos sentamos frente a un enorme cuadro del platillo volante que había tenido a escasa distancia a pleno día. «El encuentro tuvo lugar el 12 de junio de 2009 en la localidad brasileña de Fortaleza y, desde entonces, mi trabajo artístico ha estado centrado únicamente en la experiencia –me dijo–. En estos cinco últimos años he pintado, grabado y esculpido a los dos extraterrestres y a su nave en unas 150 obras, empleando distintos métodos y materiales. Normalmente, un artista se esfuerza por encontrar un tema para dar rienda suelta a su talento. En mi caso no tuve que buscarlo, sino que me vino dado por mi vivencia».

Robert está convencido de que los alienígenas se presentaron ante él con la intención de que los representara en las diferentes técnicas artísticas con las que trabaja. «He leído que estos seres son reticentes a posar ante una cámara, porque si hubiese imágenes claras de ellos, su existencia se haría demasiado evidente, y quizá no todo el mundo está preparado para aceptar la realidad extraterrestre. Pero mostrándose ante un pintor, la cosa es diferente. Quedan retratados para la posteridad, pero, desde luego, mis obras no constituyen una prueba de que nos visitan alienígenas»…
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