Hola guardián me llamo Nahuel y esta es mi historia, era el verano del año 2000 y con unos amigos nos vamos para Córdoba a pasar la temporada alta, ya ahí con mi primo surgió la idea de ir acampar a un lugar muy lindo que se llama “Los Gigantes” (ubicado en las sierras cordobesas) realmente bello. Aquellos cerros tenían un arroyo que los circundaba, este lugar que te digo queda muy cerca de Carlos paz, yo de buena ganas me sume al grupo. 


Salimos un viernes por la mañana, (al mediodía habíamos llegamos, la belleza del lugar era increíble), en micro solo se podía llegar a la base del cerro y de ahí habría que escalar el cerrito, hicimos dos horas a pie cuando llegamos al zona donde teníamos pensado pasar la noche comenzamos armar todo, había dos carpas las pusimos de tal forma que cada carpa estaba enfrentada la una con la otra. 


El resto del día nos quedamos ahí nomas, hicimos un asado cuando estaba oscureciendo y a la noche nos pasó algo que no voy a olvidar jamás, como dije pusimos las carpas enfrentamos unas a las otra para evitar correr riesgos y que se entre algún animal, (además para alumbrarnos nos mandamos una fogata al medio), cuando estábamos a punto de dormir comenzamos a sentir el llanto de un bebe que a medida que corría el tiempo se escuchaba más fuerte. 


Sorprendidos nos preguntábamos entre todos de donde venía ese sollozo y pensábamos que tal vez había alguien más estaría acampando cerca nuestro de pronto se hizo tan desesperado el llanto de aquel bebe que decidimos ir a ver que ocurría, subimos por un sendero 20 metros aproximadamente en dirección del sonido y cada vez lo escuchábamos más fuerte, hasta que de pronto debajo de un árbol vimos un bulto que se movía. 


Nos acercamos sin dudar y vemos un bebe envuelto en unas telas aspilleras quedamos indignados, sorprendidos, sin saber qué hacer, mi primo lo alzo y entre todos buscábamos en el lugar si había alguien pero no había nadie más que nosotros, así que decidimos llevarlo para el campamento nuestro, en el trayecto de vuelta encontramos un perro nada especial que se puso a caminar con nosotros mientras gruñía a los costados como si hubiera alguien, llegamos a las carpas y el bebe para entonces ya se había calmado. 


Nosotros decidimos dormir algo esa noche y esperar que amaneciera para así luego bajar del cerro e ir a una comisaría para que se hagan cargos los policías, (como a la hora de todo esto nos comenzó a bajar el sueño), nos acostamos con la intención de conciliar el sueño (no sé, habrán pasado unos pocos minutos) el bebe se despertó y comenzó a llorar con mucha fuerza como si tuviera un dolor, (me acerque sin verle la cara vi su cuerpito lleno de tierra), al ver que no se callaba decidimos que dos de nosotros bajaríamos para llevarlo a una comisaría y los demás esperaríamos hasta que volvieran, cuidando las cosas. 

Mi primo y Lucas (un amigo del grupo) bajarían, como conocían el lugar lo iban hacer para agilizar las cosas, (apenas se retiraron del campamento ese perro fue detrás de ellos), como a los 40 minutos de que se habían ido, comenzamos a sentir que gritaban desesperados nuestros nombres, esos alaridos se iban acercando en dirección al campamento donde estábamos nosotros, (al oír mejor nos dimos cuenta que era la voz de mi primo y de Lucas, al llegar ambos me dio mucho miedo verlos tan desesperados a los dos. 
Nos contaron que a la media hora de haber salido del campamento, el bebe se calló no lloro más por un rato, Lucas y mi primo iban conversando e insultando a los padres de la criatura por dejarlo abandonado en ese lugar inhóspito y por habernos generado esa situación incómoda para todo nuestro grupo, luego de un trecho mi primo le pide a Lucas que alce por un momento al bebe asi poder descansar un poco los brazos. 



Lucas al tenerlo acurrucado en sus manos comenzó hablar al bebe - “pobrecito, quien te abandono?” - , apenas termino de decir esas palabras esta criatura respondió - “nadie me abandono” - (con una voz bien gruesa que no parecía humana), Lucas asustado lo miro (mi primo asombrado alumbro con la linterna al bebe) y en ese momento vieron un rostro horrible con dos ojos tan oscuros como la noche, un rostro demoniaco y con las uñas de las manos muy largas, Lucas lo tiro de inmediato por la impresión, pero apenas toco el suelo esta aparición pego un salto para agarrarlo ya estaba a punto de sujetarlo pero aquel perro apareció y se interpuso entre medio de ellos dos y el duende. 


Mi primo le tendió su mano a Lucas para que se pudiera parar y comenzaron a correr para volver a las carpas, ese demonio los comenzó a perseguir mientras decía por momentos con voz de bebe - “no me abandonen por favor no me dejen” - y por otros momentos con una voz bien gruesa - “me los voy a llevar, me comeré sus almas” - contaron que este cambio de tono en la voz les dio mucha impresión y una desesperación muy fuerte, solo querían llegar lo más rápido posible a las carpas, todo el camino hasta donde estábamos nosotros los siguió por medio de los árboles y que gracias al perro que lo atacaba constantemente no se les acerco demasiado. 

Mi primo y lucas apenas terminaron de contarnos todo esto y el perro volvió aparecer se paró entre las carpas y no paro de ladrar hacia la parte trasera del campamento, recuerdo que al mirarlo tenía el pelo del lomo todo crispado, una feroz posición de ataque muy nervioso de pronto escuchamos un ruido entre los matorrales el perro reaccionó de inmediato corriendo en dirección a unos árboles, se perdió en medio de toda la vegetación del lugar y solo lo escuchábamos ladrar a lo lejos. 

Ninguno podía creer lo que se estaba viviendo, nos metimos todos en la misma carpa del miedo que teníamos, vimos por la trasluz de la fogata como ese duende apareció de pronto correteando de un lado a otro, se metió en la carpa que estaba vacía y destrozo todo lo que había allí saliendo por detrás ya cuando se estaba acercando a donde estábamos nosotros, ya casi entrando surgió nuevamente ese perro de la nada, se puso en la entrada de la carpa quedándose con nosotros hasta que amaneció. 

Apenas salió el sol nos fuimos del lugar, (al comenzar a guardar las cosas nos acercamos a la carpa destruida el olor que emanaba era horrible similar a los huevos podridos tiempo después me entere que el azufre tiene ese olor tan putrefacto, era tan fétida aquella fragancia que decidimos dejar abandonas las cosas que estaban ahí) mientras descendíamos el cerro aquel perro nos seguía muy de cerca, (en un momento que nos descuidamos desapareció y por más que lo llamáramos no apareció, yo creo y esto lo discutimos varias veces con los changos que vivimos esa experiencia que alguien o algo nos protegió esa noche) 



Al llegar al pueblo, averiguamos con la gente del lugar que por ahí era muy común la apariciones de los duende y del familiar… lo vivido me marco para siempre y dejo un miedo muy grande en mí, que hasta hoy en día si bien ya pasaron los años, siento miedo al estar a oscuras o quedarme solo
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