Hola me llamo Ignacio, soy camionero y más allá de todas las historias que siempre te cuentan nunca tuve la oportunidad de presenciar algo sobrenatural ni tampoco tengo ganas que de vivir una, mira esto que voy a relatar, me lo confeso un salteño que conocí, mientras almorzábamos en un parador en Santiago del estero. 


Después de comer juntos comenzamos a charlar y entre tanta habladuría tocamos el tema paranormal y allí fue que transmitio lo que le toco vivir en carne propia tiempo atras, una vez cuando venía de Salta para Tucumán, pasando la zona de Rosario de la Frontera, al lado de una ruta vio un viejito que hacia dedo para un aventón, el estaciona su camión y este señor con mucha energía abre la puerta y de un brinco se sentó a su lado (esto le llamo mucho la atención, no es común que un hombre anciano tenga tanta facilidad para coordinar sus movimientos). 

Algo un poco intrigante es que este anciano movía las manos de forma brusca (similar a los movimientos involuntarios que tienen las personas que sufren el mal de Parkinson) por más que el camionero quisiera entablar una conversación, el otro hombre daba respuestas muy escuetas que solo se resumían en “sí y no”, al preguntarle por su nombre, este respondió que se llamaba “pedro”. 


Así transcurrieron varios minutos de viaje, mi amigo salteño cuenta que la situación lo puso nervioso, para quitar esa tensión en el aire, volvió a insistir con las preguntas - “dígame don pedro, hasta adonde lo acerco?” - a lo cual el anciano solo respondió - “no sé, no sé adónde vamos, estoy perdido, vivo por aquí cerca pero estoy perdido, yo morí metros más adelante atropellado hace unos años, pero no sé porque estoy aquí” - (respondió de esta forma mientras señalaba con su mano el lugar) esta respuesta tan desconcertante, hizo tragar saliva y mirar hacia frente de forma intuitiva, al volver la mirada al asiento del acompañante, el anciano había desaparecido. 


Esta situación lo aterro bastante acelerandoo para llegar más rápido a Tucumán, como a 2 km, el salteño volvió a ver aquel anciano parado al lado de una “animita” (grutitas al lado de la ruta), el resto del viaje se la paso rezando, como a los dos meses le toco hacer el mismo trayecto pero esta era de día y además estaba acompañado, al pasar por aquella gruta se detiene y se acerca ver, en el medio con letras ilegibles se podía apreciar el nombre “Pedro”, desde allí este hombre trata de evitar los viajes nocturnos…..

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