La tradición oral se manifiesta de forma espontánea en todos los pueblos. El cuento es una de esas expresiones ancestrales.


El pueblo montuvio es dueño de muchas historias inspiradas en la mente y experiencias de los abuelos, que compartían con las familias en reuniones.

En la actualidad varios investigadores se dedican a recopilar estos relatos con el fin de fortalecer la tradición oral del pueblo manabita.

En este sentido y tras una investigación realizada en la parroquia Riochico de Portoviejo, el cuentista manabita Rubén Darío Montero, recopilador de la tradición oral, relata la leyenda de ‘La tentadora de duendes’:

HISTORIA. “Aquella alegre y divertida adolescente que todos los días salía desde su casa, situada a las afueras de la parroquia Riochico, y que caminando llegaba al centro del pueblo para hacer las compras de su casa, con un canasto que guindaba de sus delicadas manos, vestida con un short corto y una suave y transparente blusa, alborotaba la mirada de los lugareños porque ya era toda una mujercita, como dicen en el campo, ‘hecha y derecha’.

Cierto día una anciana recatada, de aquellas puritanas que hay en todo pueblo, se le acercó y le dijo que con esa facha, (refiriéndose a su forma de vestir) tentaba a los hombres, y hasta a los duendes…

Ella, que tenía para cada palabra que le decían una contestación, unido a su altivez y coraje de toda mujer manabita, le contestó: 
‘Por eso es que ando así… porque favores de los hombres no quiero, pero de los duendes sí’. 
Dicho esto dio media vuelta, cogiéndose su cabellera con aire de rebeldía, y moviendo las curvas de su cuerpo, se alejó.

Aquellas palabras que se lanzaron la muchacha y la anciana, quedaron rebotando en la mente de los presentes, curiosos silenciosos que se reían sin son ni ton.

Habían pasado varios días después de este cruce de palabras entre la anciana y la bella joven, la agraciada criatura cerca de su casa andaba caminando, entre árboles y canto de pajaritos, cuando de pronto se le aparece en el árbol de jaboncillo que estaba muy pegado al camino real, un joven guapo y bien vestido; la miró y ella cayó rendida a su hermosura. Comenzaron a platicar por varios minutos, tratando de conocerse, pero lo más sorprendente fue que él se identificó diciéndole que era un duende…

Pero la alegre y divertida muchacha le dijo que eso a ella no le importaba. 

Así comenzó un idilio que duró muchos, pero muchos meses, siempre encontrándose en el viejo y añejo árbol de jaboncillo, chaperón de este romance naciente entre una mortal y un ser del inframundo. 

Habían pasado los años y cierta ocasión la muchacha llegó buscando a su guapo y bien parecido Duende para darle la noticia que ella estaba embarazada; pero al parecer ya el Duende se había enterado, porque nunca más volvió a ser visto y no se dejó ver de la muchacha.

Así nació el niño, con una peculiaridad, tenía verrugas y lunares en todo su cuerpo…

Cuentan los que conocían de este romance, que la gente miraba con disimulo y miedo al niño, aislándolo de los demás niños del pueblo, y cuando éste creció su madre le confesó que él era hijo de un duende.
Transformado en un anciano, aún vive en las cercanías de Riochico, y cuentan los vecinos que por las noches lo ven que sale y se interna en la montaña, buscando a su padre… el duende”.

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