Sin ninguna duda se puede decir que el 11 de setiembre del 2001, la salud emocional de los Estados Unidos sufrió el golpe más severo de su historia. Más de 3.000 personas murieron en el ataque a las torres gemelas de Nueva York y el ciudadano norteamericano sintió como nunca antes la vulnerabilidad de su, hasta ese momento, relativamente estable estilo de vida. 

En búsqueda de Osama bin Laden, cerebro del ataque y de desbaratar la red de Al Qaeda, diversas agencias del gobierno norteamericano diseñaron una estrategia de lucha que incluyó un fuerte componente de inteligencia. 


Después de revisar más de seis millones de páginas de documentos, el Comité de Inteligencia del Senado de los Estados Unidos dio a conocer la semana pasada el resumen ejecutivo del “Estudio del Comité del Programa de Detención e Interrogaciones de la CIA”. 

El estudio concluye que en su lucha contra Al Qaeda, la CIA usó torturas (eufemísticamente llamadas “técnicas de interrogatorio mejoradas” en cerca de 130 prisioneros, que esas torturas no sirvieron para obtener ninguna información útil, que la CIA ocultó información sobre sus programas al presidente y al congreso y que el personal que condujo el programa no tuvo la preparación adecuada. 


Este artículo trata sobre la vergonzosa participación de diversos profesionales de la salud en el denunciado programa de torturas de la CIA. 


El reporte del senado habla de “Grayson Swigert” y “Hammond Dunbar” como los psicólogos que dirigieron toda la operación. Esos personajes han sido identificados como los psicólogos Jim Mitchell y Bruce Jessen, los cuales tienen una interesante historia. 



El principal personaje es Jim Mitchell, psicólogo jubilado que trabajó en la unidad de Supervivencia, Evasión, Resistencia y Escape (SERE) de la fuerza aérea de EEUU, dependencia que entrenaba al personal militar a resistir los interrogatorios en caso de ser capturados por el enemigo. Especializado en explosivos y descrito como un “vendedor natural” por su facilidad de palabra, Mitchell era un experto en las técnicas de tortura del ejército chino en la guerra de Corea. 

Su retiro de la fuerza aérea coincidió con el ataque a las torres gemelas y para suplementar sus ingresos económicos, fundó una compañía de consultoría psicológica en el 2001. 







En diciembre del 2001 Mitchell fue invitado junto a un grupo de psicólogos a la casa del profesor Martin E. Seligman, distinguido psicólogo que había concebido la teoría psicológica de la “impotencia aprendida”. El Dr. Seligman había diseñado experimentos en los cuales, perros sometidos a un doloroso choque eléctrico, reaccionaban al principio con furia al maltrato, pero luego de un tiempo, con la repetida tortura, los pobres perros ya no hacían nada, se dejaban torturar sin protestar, incluso con la puerta abierta de la jaula, es decir, ya no querían ni escapar a la tortura. De ahí el nombre de la teoría: “impotencia aprendida”. 

En esa época, el sentimiento del público norteamericano y sus autoridades estaba en su punto más alto de rechazo al ataque a las torres gemelas y la sed de represalia contra Al Qaeda era muy alta, fue en ese momento entonces que se juntaron el hambre y la necesidad: un científico cruel y ambicioso y un sistema militar en necesidad de resultados inmediatos en su lucha contra el terrorismo. 

Mitchell vio la oportunidad de desarrollar un programa de interrogación de prisioneros de Al Qaeda para la CIA, el cual debería estar basado en la tortura y la teoría de la “impotencia aprendida” (el Dr. Seligman ha condenado el uso de su teoría para esos fines) y para eso buscó a su amigo Bruce Jessen, quien durante su carrera se había caracterizado por la dureza de su comportamiento en el programa de interrogatorios simulados del programa SERE. Sus colegas cuentan que su papel en los interrogatorios simulados era tan realista, que muchas veces perdía la cabeza y tenía que ser controlado. 




El dúo Mitchell-Jessen logró su primer contrato con la CIA cuando al presentar su proyecto frente a las autoridades concluyó diciendo que “nuestras técnicas de interrogatorio deben ser tan duras y brutales como cuando se usan aviones para derribar edificios”. 

El dúo Mitchell-Jessen nunca había interrogado a un prisionero real, no tenían ninguna experiencia académica en cuestiones de interrogatorio, el doctorado de Mitchell fue en dieta y ejercicio en el control de la presión alta y el de Jessen en terapia familiar. Nunca habían estado en el mundo árabe, no hablaban el idioma ni tenían experiencia en terrorismo ni contra terrorismo. 

Pero tenían excelentes conexiones en la CIA y sus contratos sumaron nada menos que 180 millones de dólares, de los cuales 81 millones fueron pagados durante siete años de bonanza antes de que el presidente Obama suspendiera el programa en el 2009. Mitchell y Jessen recibían 2,000 dólares diarios por su trabajo y lo interesante es que su empresa estaba también a cargo de la evaluación de su propio programa. Es decir, eran al mismo tiempo juez y parte… 


La lista de torturas desarrolladas por ese dúo dinámico le revuelve el estómago a cualquier ser humano sensible. Entre ellas están el amarrar al prisionero boca arriba con la cabeza abajo en una tabla inclinada, cubrirle el rostro con una toalla y echarle agua encima de la cara cubierta. Esta técnica llamada en inglés “waterboarding” es lo más parecido a lo que un ser humano puede sentir cuando se está ahogando y obviamente produce una angustia enorme. El reporte dice que muchos prisioneros estuvieron al borde del ahogo, eliminando espuma por la boca. Otras técnicas incluyen el abofetear constantemente y lanzar al prisionero contra la pared repetidamente por varias horas, no dejarlo dormir usando música a todo volumen o colocándolo en posiciones incomodas hasta por 180 horas seguidas, mantenerlos desnudos y encadenados en el suelo frio durante horas o introducirlos en féretros. 




Pero quizás las torturas más chocantes son los “enemas de hidratación” y los “enemas de alimentación”, procedimientos que le digo que no tienen ningún tipo de uso en la medicina actual. se describe con grotesco detalle que cuando el prisionero Majid Khan se negó a comer, le licuaron su ración de comida compuesta de hummus, tallarines con salsa, nueces y pasas y se la dieron a través de un enema. En la pagina 82 se describe el caso del prisionero que recibió “enemas de hidratación” y en la página 100, se describen exámenes rectales hechos con fuerza desmedida. En muchos de esos casos, el personal médico de la CIA colaboró en las torturas. 



En noviembre del 2013, el Instituto de Medicina Como Profesión publicó su reporte Abandono de la Ética. El Profesionalismo Médico y el Abuso de Detenidos en la Guerra contra el Terror” en el cual se analiza el papel de la profesión médica en los programas del departamento de defensa de los Estados Unidos después de los ataques a las torres gemelas. 

El reporte concluye que muchos profesionales de la salud diseñaron y participaron en el trato degradante y la tortura de detenidos y solicita el diseño de políticas que aseguren un trato de prisioneros de conformidad con principios éticos médicos. 




En un interesante artículo titulado “Los Médicos y la Tortura: Lecciones de los Médicos Nazis”, publicado en International Review of the Red Cross en el 2007 por Michael Grodin and George Annas de la Universidad de Boston, los autores se preguntan ¿Cómo es posible que un médico se convierta en un torturador? ¿Cuáles son los contextos personales, profesionales y políticos que permiten a los médicos utilizar sus habilidades para torturar y matar en lugar de curar? ¿Cuáles son las características psicológicas y los factores sociales, culturales y políticos que predisponen a los médicos a participar en abusos contra los derechos humanos? 

Algunas razones incluyen la psicología individual, la deshumanización y la dinámica de entumecimiento psicológico del médico, su sentido de omnipotencia, el desdoblamiento de su personalidad, la dinámica del grupo, la obediencia a la autoridad, la dilución de la responsabilidad y los contextos culturales y sociales del momento. 





Y si usted estimado lector está diciendo, ¡pero qué tanta contemplación con esos asesinos terroristas que matan gente inocente y hasta degollan a seres humanos! ¡Me horroriza lo que ellos hacen y por lo tanto deben ser tratados con la misma crueldad que ellos se comportan! 

Si así piensa, quiero citar al Dr. Thomas Blanton, Director de los Archivos de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington cuando dice que “si nos vamos a reflejar en el espejo de conducta de esos malos seres humanos, entonces vamos a perder el real motivo de nuestra lucha y nos vamos a convertir en el mismo tipo de degenerados”. 

Al usar sus mismos métodos, ¿Quisiera usted convertirse en el mismo tipo de abyecto ser humano que usted tanto aborrece y condena?

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