Las personas siempre se han preguntado si hay algo más allá de la muerte. Si nuestra alma se va algún otro lugar o si reencarna en otro cuerpo. Es entonces que muchos hablan de la reencarnación, que es la creencia que la esencia individual de las personas -ya sea mente, alma, conciencia o energía- adopta un cuerpo material no solo una vez sino varias según va muriendo. 

Además de que la reencarnación se menciona en algunas religiones, se han registrado casos que hacen suponer que un alma podría haber pasado a un cuerpo nuevo. 

Las historias seleccionadas por el portal "ListVerse" y presentadas a continuación en la siguiente galería, aunque carezcan de un minucioso escrutinio científico, muestran signos que podrían generar dudas incluso entre los más escépticos. 



El psiquiatra californiano Adrian Finkelstein narra en su libro ´Your Past Lives And The Healing Process´ la historia de un niño llamado Robin Hull, quien hablaba en un idioma desconocido por su madre. Un profesor de idiomas asiáticos lo identificó como un dialecto hablado en la región norteña del Tíbet. Robin, un niño de edad preescolar, contó haber estudiado hacía muchos años en un monasterio donde aprendió este idioma. La historia del niño llevó al profesor a viajar al Tíbet, donde encontró el monasterio descrito por Robin en la cordillera de Kunlun. 




Brian Weiss, un psiquiatra de Miami, contó en su libro el caso de una paciente llamada Diane, quien al ser sometida a la hipnosis se recordó como una joven colona norteamericana durante el conflicto con los indígenas. Relató que se ocultaba con su bebé de la persecución de los indígenas cuando ahogó a su hijo por accidente al cubrirle la boca para que con sus llantos no los delatara. Meses después de la hipnosis, Diane, quien trabaja de enfermera, se enamoró de un paciente suyo que sufría ataques de asma y que resultó tener la misma mancha de nacimiento en forma de media luna que su bebé ´de la vida pasada´. 




John McConnell fue letalmente baleado seis veces en 1992. Su hija Doreen dio a luz a un hijo, William, al cabo de cinco años. Los médicos diagnosticaron atresia pulmonar, una malformación congénita de la válvula pulmonar que impide que la sangre se bombee hacia los pulmones para que se oxigene. El estado de William mejoró tras una serie de cirugías y tratamiento. Lo asombroso es que la patología de William reflejaba los daños que había recibido su abuelo, a quien una de las balas le entró por la espalda, perforando su pulmón izquierdo y la principal arteria pulmonar de su corazón. Un día en su afán para faltar a la escuela, William dijo a su madre: ´Cuando eras una niña y yo tu padre, te comportabas mal de vez en cuando, pero nunca te golpeaba´ 





En algunas partes de Asia, cuando muere una persona, sus familiares le ponen una marca sobre el cuerpo -frecuentemente usando hollín- con la esperanza de que su alma se reencarne en la misma familia. Se dice que la marca se convierte en este caso en una mancha de nacimiento en un bebé que nacerá después. ´The Journal of Scientific Exploration´ menciona varios casos de bebés nacidos con manchas correspondientes a las marcas dejadas sobre los cuerpos de sus familiares muertos, entre ellos está el caso de un bebé birmano, que a los dos años también llamó a su abuela de manera peculiar, igual que su difunto marido. 




Taranjit Singh es un niño indio que desde los dos años de edad decía que su nombre real era Satnam Singh, hijo de Jeet Singh, y que había nacido en otro pueblo a unos 60 kilómetros de su casa. Narró que era estudiante de noveno curso cuando falleció en un accidente de tráfico. Al oír esta historia tan extraña, su padre Ranjit comprobó que en el pueblo mencionado un adolescente llamado Satnam Singh sí fue atropellado por un motociclista. Ranjit se encontró con dicha familia, que le confirmó los detalles mencionados por Taranjit. El experto forense Vikram Raj Chauhan comparó la escritura del cuarderno de notas de Satnam con la de Taranjit y las encontró semejantes.


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