William Wirt Winchester fue un empresario que ganó una cantidad apocalíptica de dinero al ser parte de la Winchester Repeating Arms Company: una de las empresas más importantes en la fabricación de rifles. Fue por ello que, después de su muerte en 1881, Sarah Winchester (su viuda) heredó más de 20 millones de dólares, además de convertirse en la dueña de la mitad de la compañía, gracias a lo que percibía un un salario diario de uno 23 mil míseros dólares. 



No por nada fue capaz de construir la monstruosidad que hoy conocemos como la Mansión Winchester: una bestia de cuatro pisos que cubre un área de dos hectáreas. (Nada que ver con los departamentitos del Infonavit, y eso que antes de un temblor en 1906 tenía ¡siete pisos!). 

Cuenta la leyenda que, después del fallecimiento de su esposo, Sarah Winchester consultó con una medium que le dijo que los espíritus de las personas asesinadas a manos de un rifle Winchester no la dejarían tranquila a menos que se mudara y construyera una casa nueva, una que nunca dejara de estar en construcción. 



Sarah se mudó de New Haven a San José, California y empezó a edificar su nuevo hogar. En efecto, nunca cesó el trabajo de los constructores hasta la muerte de Sarah en 1922. Entre eso y que jamás contrató a un arquitecto, el resultado fue una mansión que parece más un laberinto, con escaleras y puertas que no llevan a ningún lado. 

La Mansión Winchester tiene 160 cuartos, 40 recámaras y 2 salones de baile. Se dice que Sarah dormía en un cuarto diferente cada noche, para evitar que los fantasmas la encontraran. Aunque sí tenía una habitación designada para ella, una con vista al jardín central y en la cual falleció. 

Tú también puedes entrar en ese mismo cuarto, ya que esta casa ahora se llama Winchester Mystery House y está abierta al público. Claro que se recomienda que no te separes del guía durante el recorrido, porque podrías perderte en su inmensidad. Ah, sí, y también está embrujada. 



¿Embrujada por Sarah o por los espíritus de las víctimas de los rifles? No se sabe. Pero tanto visitantes como trabajadores aseguran que se presentan fenómenos paranormales en este lugar. Es más, algunos empleados evitan los pasillos del tercer piso cuando cae la noche, porque juran que ahí se escuchan pasos que se aproximan y voces que susurran sus nombres. 

Detalles supersticiosos, como que cada candelabro tiene 13 velas y hasta las tapas de los drenajes tienen 13 hoyitos, hacen que esta mansión tenga un ambiente todavía más sobrenatural. Sarah estaba obsesionada con ese número y con las telarañas. 

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