María Crocifissa Della Concezione fue poseída por Satanás y le escribió una carta que recientemente se descifró. 


Dios, Jesús y el Espíritu Santo son muertos. 

—María Crocifissa della Concezione 

Los ojos se le rodaban hasta quedar en blanco, una sonrisa macabra emergía de su angelical rostro, las manos y los pies se retorcían como tornillos y su voz se volvía grave. Le salía espuma blanca y espesa de la boca, sudaba frío y se le erizaban los vellos de los brazos. 




De pronto, comenzaba hablar en otras lenguas, nadie sabía cuales, simplemente enunciaba palabras irreconocibles, otras en idiomas ajenos pero entendibles y algunas injurias directas en contra de Dios. Así eran las noches en la vida de María Crocifissa della Concezione, la monja que era constantemente tomada por Satanás y que la hacía despotricar en contra de la Iglesia, Dios y de ella misma alabando al señor de la oscuridad. 

Como si se tratase de una película de horror, nadie entendía realmente qué ocurría, simplemente despertaba bañada en sudor o algún otro fluido corporal y aseguraba sentirse cansada, un tanto harta y con dolores de cabeza, espalda y piernas. Algunas noches, ella enfrentaba sola a Lucifer contándolo en la mañana a sus compañeras y en otras ocasiones, eran las mismas monjas quienes la veían ser poseída. Entonces se tornaba hostil, grosera y salvaje. Se azotaba, gritaba y pataleaba, escupía y se contorsionaba. 



Luego de ser bañada todos los días en agua bendita y recibir las oraciones de sus compañeras y superioras, Della Concezione tuvo la peor de las experiencias el 11 de agosto de 1676; la monja caminaba despacio por los pasillos del convento cuando se desvaneció. No supo más de ella hasta que despertó en medio de su cama, amarrada y con la cara húmeda. Tenía el rostro bañado en tinta y en una mano sostenía fuertemente papeles que por más que le pedían que soltara, no lo hacía. Cuando por fin lo consiguió, encontró que cada una de las cartas tenía mensajes indescifrables. Los papeles estaban llenos de símbolos y letras que no formaban ninguna idea; sin embargo, había algunas líneas que combinaban idiomas o palabras muy específicas de algún país o región. 

Triste y angustiada, la monja se convenció de que cada que era poseída, Lucifer le dejaba una nota que a pesar de que no podía entender, funcionaba como una especie de agradecimiento por dejarse tomar. Así pasaron los años y la monja seguía siendo poseída por demonios terribles, mismos que le obligaban a llorar, a sangrar y a hacerse daño. Por desgracia, ni ella ni nadie lograron entender qué ocurría. Conforme fue pasando el tiempo, estos extraños y salvajes episodios no eran lo único que le ocurría, a veces despertaba sintiéndose otra y tenía la necesidad de agredir a alguien, de ser completamente violenta. Tomaba papel y tinta y se sentaba a escribir por horas las palabras que algunas voces en su cabeza le dictaban. Se confundía y se desquiciaba ella misma, pero no entendía lo que ocurría. Un día, sin más, murió. Casi todos sus escritos fueron desechados por el convento, bajo la idea de que era mejor quemarlos antes de que otro demonio fuera a poseer a las monjas y tuvieran el mismo final que María. 



Así, vendieron esa única carta que sobrevivió a un museo, el escrito fue puesto en venta con la historia como su respaldo. Un grupo de investigadores del Museo de Ludum trataron de descifrarla por muchos años sin un resultado positivo. Esto sólo hacía que las sospechas sobe algo paranormal detrás de la carta crecieran con gran velocidad. No obstante, con el afán de encontrar el significado real de los escritos decidieron incluirlos en la deep web, donde encontraron un software utilizado por servicios de inteligencia mundiales que sirve para la descodificación de documentos. Para entonces, los investigadores ya estaban convencidos de que el origen de la carta era el infierno y que la monja en verdad estaba poseída. Así que introdujeron los símbolos en el programa computacional y hallaron que en verdad había un texto coherente en él. 

No era una código específico, sino la unión de varios idiomas y formas de escritura en las que al pasarlas a una sola lengua, se podían entender como una letanía en contra de Dios y Satanás, así como de la Iglesia, denunciando el descontrol que para entonces ya era evidente. La carta no se dio a conocer en su totalidad, sólo algunos fragmentos como «Dios piensa que puede liberar a los mortales» y «este sistema no funciona para nadie». 




El documento fue enviado con una psicóloga que encontró en la carta comportamientos de esquizofrenia, la verdadera razón que llevaba a la monja a escuchar voces e imaginar diálogos con Satanás. Ella era una gran conocedora de idiomas, lo que pudo haber servido para plasmar esas ideas sin forma en papel y con ello crear su propia manera de comunicarse. La supuesta posesión que le hacía revocarse en el suelo y escupir espuma, no era más que una consecuencia de un padecimiento que se manifestaba en forma de convulsiones y del que aún no se tenía registro. 

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